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Picuegallo X

De alguna manera hemos de celebrar, primero porque este es el décimo Picuegallo, y segundo porque se devela el misterio.
Al comenzar a escribir los Picuegallos me he tomado la libertad de naufragar en mares de tinta para escribir lo que de otra manera no tendría excusa de hacerlo. Sin embargo la literatura es un mundo por descubrir de la mano de las excusas. Por ello a través de un cuento podemos ser denunciante o expresar verdades. Un poema es la realización excelsa del alma cuando destila sentimiento.


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Nosotros somos una serie de seres hechos de recuerdos. Somos un cúmulo de recuerdos aprisionados. Por ello la nostalgia nos acompaña. Esto no debe ser precisamente malo, porque nos vuelve altamente sensibles.

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Noches tristes invadidas por la nostalgia de no contar con el pasado. Entonces, un sonido, una melodía, un pequeño y armonioso eco, hace que esas nocturnas veladas se hagan vibrantes y recobren sus colores, sus ritmos, los matices cadenciosos del azulverdoso, amarillorojizo, grisopalina, amarilloblanquezino. Esos matices perdidos en ojos aguasalados y párpados entrecerrados.

Todo, gracias al eléctrico sabor de las ondas vibratorias de un buen jazz. Los dedos mágicos de Bechet, Kenton, Coleman, Fast Waller; o la voz dulce, tristona e inigualable de Lois Armstrong. Es cierto, nada como un buen jazz y despertarse de tanta ignominia con Red Nichols y su Sweet Georgia Brown.

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Los sábados son buenos días para rascarse la pereza entre el ombligo. Para salir a pasear y desempolvarse las rodillas. El sábado buen día para pasear con la amante, comer hasta la gula. Y definitivamente un preámbulo injusto para el domingo de iglesia.

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Esta vida la tengo prestada, porque parece no quedarme a la medida. Algunas veces grande, otras veces pequeña, me queda incomoda. Mis recuerdos por tanto, no son hechos a la medida de mi memoria, me son ajenos. Esto no debería ser así, pero lo es. Esos recuerdos no son míos, pero son los únicos que tengo.

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Los días después de la sequía, son los peores. La maldita incertidumbre frente a la hoja en blanco es insoportable. Esa ansiedad por desconocer en qué acabará todo, es un mal que no le deseo a nadie. El escritor no debe dejar de escribir por más de unos pocos días. Porque luego, dudará de lo que hace y de lo que puede hacer.

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¿La Foto? ¡¡Misterio develado!!
Hace algunas semanas escribí sobre una amiga con quien me encontré y me hizo, con su presencia, uno de los mejores regalos de fin de año. Pero por problemas con los derechos de publicación no había publicado su foto. Ahora después una serie de peticiones, ella me ha cedido los derechos. Por aquello de su fama y de mi marginalidad.
A ella le rindo un homenaje en el blog. A una gran poetisa, artista y amiga.
Un abrazo en la distancia, Ale.


Ángel Elías

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