Y luego, la Resaca…



Seguimos en el aniversario. Y la resaca está presente. Pero es una resaca inofensiva, de aquellas que llegan después de un exceso de alivio. Le toma una especie de taquicardia y luego estalla una energía que invade el lugar donde uno se encuentra. En este caso el blog.


El aniversario continúa, y las propuestas para publicación ya se encuentran por salir. Blogueros, y no tan blogueros escribieron historias relacionadas con el tema “tres años en tres minutos”. Lo cual me llena de orgullo presentarlos aquí, son personajes que en esa cabalgadura se empeñan en hacer de la literatura su modo de vida. Son en su esencia la mejor cara de nuestro lacerado país. Sonriamos la literatura puede salvarnos la vida, y uno que otro recuerdo



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Las publicaciones denominadas como “Tres años en tres minutos” aparecerán a partir de esta semana. Y serán todos los miércoles. Mientras duren existencias.


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Este momento del aniversario es importante. Es ese diluir de nuevas ideas formadas solo por el ingenio de nuevas mentes, de esas nuevas voces que de alguna manera viene a enriquecer el blog y esa es la intensión, crear un espacio lo suficientemente grande como para que quepan todas nuestras ideas.


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El pino está revuelto, la marimba de descanso, los patojos dormidos en las bancas del fondo. Una radio suena al fondo con música norteña. Hay platos y hojas de tamal por todo el lugar, tres compadres brindando y uno más con la cara entre el pino amontonado frente a la puerta de salida. Entre los adornos se encuentran coronas de hojas de pino hechas por un desocupado, mientras todos bailaban y reían después de tres tragos y cinco boquitas.


La noche está avanzada, uno de los padrinos le ha pagado a la marimba otra hora para el pachagón siga. Otro de los invitados ha entrado con un par de botellas, chicharrones que ha conseguido en una casa con una bombilla roja en la puerta. Total es sábado.


Más al fondo una pareja de jóvenes se toman tímidamente de las manos. Se la pasaron bailando esa noche. Él logró llevársela cerca de donde se mantienen las sillas apiladas, para que luego terminen platicando en la calle, bajo la luz del poste, sentados en la acera.


Uno de los tíos ya sacaron un par de colados con unas cuantas miradas y el amague del arma en la cintura. No sin antes los intrusos hubieran bailado con unas invitadas y convidado de tamales con café caliente.


A esa hora todavía hay invitados sin comer, los organizadores se apresuran a sacar los tamales. Frente al fogón cada tamal sale con todo y humo de pino seco. Rápidamente aquel tamal sale y cae a un plato, luego con un cuchillo es intervenido, con habilidad cirujana, dejado al aire su masa blanca y roja con un corazón de carne de pollo, cerdo o res, según la suerte del comensal.


En la pista de baile, los únicos que bailan son dos focos que ayudaron a que ese patio no fuese tan oscuro. Alrededor hay sillas tiradas, platos escondidos tras macetas, tazas volteadas, retazos de adorno de papel crepé tirados entre los rosales.


La música del estéreo cesa y la gente parece despertar de un letargo. Aquella marimba que pareciera dormida poco a poco vuelve a la vida. Y suenan sus costillitas maderosas como queriendo saber si todavía puede hablar, si su disfonía era solo momentánea. Pic, pac, pic, pic, pic, pac, pec. Instantáneamente, como que esperara salir desde hace tiempo, suena Lágrimas de Thelma. Y la fiesta vuelve a tomar forma.


¡Salud!!


Ángel Elías

Comentarios

Walter Gonzalez dijo…
Ala vos ingrato, me hiciste viajar a mi Totonicapán en un ratito, supongo que todos los pueblos del altiplano son casi iguales, pero el pino de mi Toto huele diferente...
Angel Elías dijo…
Claro huele a pinabete, que rico!!!
pues casi todos los pueblos tienen ese carisma de sabor, de ruralidad que tanto gusta.

un abrazo walter.

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