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28 minutos de Sueño pueden ser todo un pentagrama de viajes,


A las que viajan



Amaneció oliendo a ron y aguardiente. Aguardiente y memorias. Descorre suavemente sus párpados, la mañana la acaricia, es un velo sonoro. Primero el techo, las fotos, la ventana que da al patio. Parece recordar algo. Lleva rápidamente su mano izquierda a la altura de sus ojos. Antes de abrir el puño que encierra algo, respira con la calma de un herido a salvo. Extiende su mano, una flor, una frágil y preciosa máquina reveladora. La observa cuidadosamente, recorre en ella los caminos que se entrecruzan caóticamente. Busca en esa blanca y pequeña extensión un nuevo trazo. Otra línea doliente en la geografía de la memoria.


-¿Eres nostálgica?


Observa sus zapatos de tango un tanto histriónicos mientras recibe la pregunta…Nostalgia viene del griego Nous (Alma) y Algos (Dolor).


-Todos los que tenemos preguntas sin responder tenemos nostalgia ¿Y usted?


-…Se nota


-¿Qué se nota?


-Usted tiene un ojo guatemalteco y el otro no.


-¿De dónde entonces?


En realidad no era necesaria la respuesta. Es posible que él haya contestado algo, pero ella ya no lo escucha. Cierra sus ojos y se entrega al torbellino de palabras y humo, a recorrer los trazos en su mano, algo necesario e inevitable. Atraviesa, camina con prisa por su enorme heredad, sus pies muerden la tierra a cada paso, avanzan ligeros…Se detiene en un paraje, tan solo en un exiguo camino de sus recordaciones y que parece extrañamente, tiene que ver con él precisamente. Permanece inmóvil por segundos, su pasado le luce alrededor, detecta eso que sin querer buscaba…Ríe fulminante. El cansancio es evidente, los caminos siempre han sido largos. Abre los ojos y lo encuentra allí todavía, una hermosa estatua que bebe y respira. Piensa en algo cercano a la disimulación de la Verdad, magia, signos, preguntas capciosas… habría entonces que leer de prestidigitación, semiología, quizá ética, aplicación de la acción interna... Arrastra la respuesta por la superficie de la barra y la golpea con la base de la copa: -¡Aguardiente será mejor!- y mata el último trago de licor con su boca.


Estira las piernas y los brazos al mismo tiempo. Se arquea, se mece suave de un lado a otro como una balsita que cobrase vida a capricho sobre las aguas de Leteo. Cierra los ojos para no perder la calma y respira hondo. Bostezo de gato. Se incorpora de un salto. Muy dueña de sí, observa su pequeño reino mientras apoya la columna sobre la pared como un tallo que continuara su ascenso. La cabellera es entonces una negra enredadera que desciende, que destila sueños. Recoge los minutos de la noche anterior, los remueve con sus dedos, los desordena y ordena, los arrastra hacia sí y tasa lo sucedido. Revisa con sumo cuidado la fase del corazón. Se reprueba. Brinca al baño. Entrevé lo que va a sucederle. Abre la llave de la ducha y más amansadora de tristeza que nunca inicia el ritual de palabras, el rezo de vocablos para lo que sabe vendrá:

-Río aéreo, pluma, cuello de girasol, lengüita húmeda, semilla alada, peregrinación de planetas…


Fija su mirada en el hipnótico bigote del extranjero. Sin piedad empina la última gota de aguardiente, muerde y aprisiona el filo de la copita con los labios. Taconea casi imperceptiblemente con su pierna izquierda, está ansiosa, así que decide migrar hacia sus ojos. Se desdobla, aterriza en ambas mirillas. Despliega sus brazos como estirándose al amanecer para finalmente apoyarlos sobre sus caderas. Lo observa con la autoridad que le otorgan, contrariamente al curso de la naturaleza, la incredulidad y el cansancio de sus breves años.


No sabe por qué así, tan salvajemente y sin decidirlo, habla sin miedo, vierte una maratón de palabras que corren hacia él sin resistencias sin obstáculos, su boca vibra…un pájaro adicto al canto.


-La tristeza, el país, los largos caminos, llámele como quiera, me sigue, me jala el vestido me excava la nuca. Es un patojo de 8 años que me acorrala, es un rezo, me persigue como un soldado, como un acosador, como llanto de vieja. Me colgué al cuello dos quitapenas pero ha sido en vano. Me puse el vestido de reina, usted sabe, invocar la obediencia, domesticar la tristeza…Cada vez que encontraba un teléfono público sin importar el clima, la hora, levantaba el auricular y hablaba, vertía por los alambres subterráneos palabras guardadas, palabras móviles, que viajan, palabras importantes que tenía escondidas: pupila, luz solar, sangre, agujas de reloj, hiedra, monociclo, nube… todo un rosario de palabras, de todas las que sepan andar y entonces ellos se iban…


El que no es de acá igual que ella por cierto, pero menos de acá que ella, la observa. Sus ojos son dos extraños tratando de entender el conjunto de la anatomía que frente a él se desquicia se despliega. 4 tiempos de silencio. Ella vuelve el rostro ligeramente hacia un lado, parece haberse abandonado nuevamente…observa bailar a una mariposa sobre la luz dorada de la bombilla, piensa acaso en qué pudo haberla hecho desviarse de su camino, ahora adicta de lo ilusorio para morir finalmente al contacto de esa piel luminosa, acristalada…Vuelve el rostro, busca una respuesta en los ojos del extranjero que no se ha perdido un detalle de la escena. Él se acerca. La mariposa sigue picando la luz. Ella también es ahora una estatua de labios secos entreabiertos de incertidumbre. Como una manifestación de lo sagrado el bigote se alarga por ambos lados, la envuelve y la lleva hacia él.


La BESA.


Son solo segundos, sus labios secos, ahora humedecidos se crispan de vértigo, es un abismo tibio, pero abismo, una bandera solitaria azotada a merced de la tormenta. Siente romperse…esta vez no puede recorrer las líneas de su mano. La han convertido en un gusano de seda, un capullo envuelto entre hebras plateadas. Ha ido demasiado lejos sin la posibilidad de regreso. Cuelga al filo del precipicio, no hay riscos donde estalle el silencio.


Recuerda a la mariposa que para entonces ya es solo un pequeño cadáver sin testigos, el paraje que minutos atrás la había hecho reír al filo del abatimiento y el título de una pintura de Remedios, como un paracaídas que la salve de ese abismo de lo incierto. Grita:


-¡Locomoción capilar!


El grito corta, desangra el espacio entre las efigies. El extranjero desaparece, se va. Cuando está segura de que también la sombra de él se ha deslizado por la puerta se asegura con orgullo así misma: -¡Locomoción! Fue la palabra móvil que lo obligó a andar-.


Es posible en realidad, que haya sido más bien el grito y una ya cierta costumbre del extranjero develada en su forma de andar, lo que realmente le haya hecho partir, puesto que ante el aullido el extranjero no se perturbó.


Respira, torpemente cantinera besa la botella de aguardiente para calmar el temblor. Apaga la luz y huye hacia su casa. Va apoyándose en las paredes, tocándolo todo, cerciorándose de que no hay tal disimulación, que la verdad también tiene piel. Sin entender lo sucedido se desviste, se deshoja exhausta, como olvidada de sí. Se acerca dócilmente a su cama. Sumerge una pierna primero y luego la otra, se deja hundir por completo entre la brisa, la corriente de Leteo. Inicia su viaje al descanso, ahora es una barca que se deja lamer entre sueños entre palabras calientes, despojadas de razón…que la engañan y la entregan al semental y procreador insomnio.


28 minutos de sueño pueden ser todo un pentagrama de viajes, de armonías oníricas.


El río que traslada su cuerpo náutico, la hace encallar en algo parecido a la palma izquierda de su mano. No hay más que colinas grises en diferentes tonalidades y desde sus pies hacia arriba el espeluznante y nocturno tajo negro. Es la noche de la noche. Camina descalza y sin prisa. Sus pies serenos inequívocos la conducen por el territorio de sus memorias. Camina durante horas…se encuentran. Es un gigante árbol de hojas rojas. La copa es una nube que la riega de pétalos. Se conmociona, abre la boca para nombrarlo…


...cometa, galgo, molino de viento, flecha...-se interrumpe, tiene una visión- ¡Ese árbol de hojas rojas, tiene por nombre una palabra…nómada, errante también!-. Retoma aplicadamente. -Viento, canto de pájaros, cazadores, la presa de los cazadores, humo de cigarrillo, dardo... Este día va a ser como los otros.


Sale vestida de reina. Se coloca al cuello 2 quitapenas y el tótem de sal entre los pechos que acostumbra casi desde niña. Sale con su amasijo de pasado y presente intacto de mentiras. Afuera están ellos, su enjambre, su racimo de gente...tristeza, país o largos caminos...La vieja desdentada que llora, el niño, el milico, podrían ser todos lo mismo, la tristeza no tiene vanidad ni predilección, aunque por justicia, se podría dejar aparte al milico.


A una cuadra de distancia en el vértice de las calles hay un nuevo asistente. El extranjero del bigote hipnótico, de la locomoción capilar. Todos se detienen, lo observan, y él a ella. Cantinera disimula. Siente adentro la bombilla del bar asediada de mariposas nocturnas. Afianza sus pasos, toda una señora. Gira para corroborar que su cortejo sigue ahí, no quiere que el extranjero piense que está loca, que todo lo que le contó la noche anterior fue un arpegio licoroso. Aunque…ahora podría ser que él, por el influjo de sus palabras en el bar, se haya convertido en uno más de ellos, en otra extraña flor más de su pasado. Ruega para adentro a la bombilla que no las mate, ruega a Dios -eso cree- que el extranjero no sea uno más de su séquito.


Desvía el camino cotidiano. Su escolta la sigue, trata como siempre de ignorarlos, de dejarlos atrás un poquito, lo suficiente para que no le duelan tanto. Hace repentinamente la parada a un bus y sube, paga su pasaje, busca un asiento rápidamente y ríe divertidísima porque cree haberse liberado, pero la memoria es impune. Asoma los ojos por el respaldo. Atrás están ellos y la vieja con su llanto desafinado.


Se acomoda bien el tótem de sal entre los pechos, inicia el antídoto de palabras, busca entonces entre los respaldos de los asientos, tan llenos de soledad, de transitoriedad, nuevos signos, palabras para continuar el camino.


Apenas dice: -Equipaje, ala, grito, neumático, circo- …Y enmudece. Al lado suyo ha venido sentado sin que ella se percatase el extranjero de la locomoción capilar...Cantinera revisa inmediatamente su mano izquierda. Confirma que éste es de verdad, digamos mejor del presente porque ahora en la geografía de su mano hay una tenue y apenas visible, línea más.


Antes que ella pueda decir algo, antes que pueda situarse en el caos de los acontecimientos él se le adelanta, muestra sin quererlo un gesto similar al que ella ha tenido por años, un gesto como de amansador, como de picador de caminos:


-Soy extranjero también a su corazón-.


Cantinera no ha logrado expulsar ni una sola palabra...está inmóvil, reafirma su teoría de que ningún bus, ningún lugar debe estar hecho para las despedidas. Cierra los ojos, los aprieta. Recuerda como en trance la primera vez que ella también partió...


¿3...4 años? Mi familia, todas nuestras cosas y todas nuestras tristezas. El gato y yo nos mirábamos. El gato maullaba, se abalanzaba contra el ovillo, destejía histérico el hilo de la distancia de una forma tal que me hacía llorar, gritar más. Entre llanto de niña y llanto de gato ganó el llanto de niña. Se confiesa así misma que eso le consoló unas pocas horas después. Regresa en sí. Con despecho asume el nuevo trazo en la mano, se dirige a él como le habla a todos los demás que van sentados atrás: -¡No me gustan las apariciones!- Le tiemblan los labios, miente:


-¡Odio los cuadros de Remedios Varo!-. 4 tiempos de silencio. Hasta la vieja se calla. Cantinera no sabe que más decir, cómo defenderse de la despedida. Él la besa y se va. Ella no sabe cómo o qué gritar ahora para que contrariamente a la noche anterior se unan otra vez los perfiles de ambas efigies. Se aterroriza, entiende la magnitud de la amenaza. Ahora tiembla más, desvía la mirada, desvía su presente por la ventana, hacia cualquier parte con urgencia, por sobre vivencia. ¡El tiempo se detiene como en los accidentes, el tótem de sal que llevaba entre los pechos vuela, explota, se expande, big bang, esquirlas blancas, sal por todas partes, sal sal y sal!


El bus ya se ha detenido. Los juramentos de amor en los respaldos de los asientos, sus acompañantes y hasta los rostros y los anuncios de publicidad dentro del bus la miran.


Ella trata de disimular que el extranjero ya se ha ido y que todas las mariposas perecieron. El ojo guatemalteco se nubla, expulsa una enorme lágrima, el otro ojo sin saber qué hacer y como por ayudar, les guiña. Consternación. 8 tiempos de silencio. La vieja estalla en llanto a más no poder, esta vez no se sabe si de tristeza o de rabia. Para aquietarla, para consolarla, Cantinera habla sobre la importancia de la sal en las ferias científicas y el teatro invisible, pero es en vano, baja como puede del bus y corre a buscar la calma.


El silencio por primera vez es casi capaz de asesinarla. Cruza el parque presurosa, tantos desconocidos, tanta soledad, tanto acompañamiento... Ambientan su tristeza las coronas de concreto de los edificios, esas palomas rebalsadas de obscenidad e indiferencia obligadas a saltar infinitamente por los torturadores niños. Sus acompañantes sin quererlo le majan el vestido, la custodian de la tarde tan fresca, tan azul pero tan estéril de vaticinios, incluido el milico que a pesar de ser milico ha demostrado ser gente.


Se detiene. Vuelve hacia atrás repentinamente y los mira. Callan. Todos saben, que los zapatos le aprietan de nostalgia. La vieja se adelanta y la besa -o eso interpreta ella- porque la muerde suave con su mandíbula arrugada y sin dientes. Cantinera busca los ojos del niño, se observan. Repentinamente le hace un gesto ridículo, una mueca y el niño rompe con una risotada el silencio, que estaba ya por acuchillarla.


Se prepara. Muy dueña de sí, muy directora de orquesta, remueve las palabras y el viento con sus dedos. Respira hondo. Taconea con su pierna izquierda, ya tiene la respuesta, el dictamen.

Les habla exuberante, enternecida:


-Ese Árbol, tiene nombre de palabra errante, también móvil, proscrita emperatriz. Tengo el recuerdo de la palabra escrita…dibujada en los baños públicos de las fronteras, atravesado por una flecha…traslación, relámpago, fuerza de gravedad, aeroplano, barco musical…


Costa Rica, Abril del 2008




Alejandra Solórzano
Premio ACE

www.laace.org

mención honorífica en certamen centroamericano.

Comentarios

Blogger dijo…
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