Textos.zip V

Un soplido de tus pestañas ha hecho volar toda la herrumbre acumulada en mis labios.

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El suicidio es indigno y ridículo. No existe lógica en quien piense que para salir de un problema se deba meter en otro peor. -Saberse suicidar es un problema -. Yo no lo haría. No tengo tiempo para pensar en alguna digna manera de matarme. Si es que existe alguna.


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Me gusta la indiferencia que maneja Camus en el Extranjero, esa paciencia con la que espera que pasen las cosas, ya sean buenas o malas. El amor, la muerte, la condena, la cárcel, son elementos tan indistintos en el Extranjero. Camus como maestro de la indiferencia tiene la facilidad de hacernos sentir que podemos tomar el mundo, volverlo una bola de papel, incendiarlo y esperar a ver qué sucede después.

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Mis sueños son raros; hay muchos cuerpos que reconozco, pero muy pocos rostros. Y deseo ver los rostros de quienes sueño, sin embargo es inútil, porque algo los oculta. Entonces poco a poco olvido sus rostros, sus semblantes y siento perder algo muy grande y significante. Entonces ya no los recuerdo, pero no los dejo de extrañar.


Algo en el fondo, muy en el fondo, me hace dudar que los vuelva a reconocer.
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Sobre una NovelaNo entendí por qué Hamet quiso tanto a Soledad. Si ella era una simple mortal, una chiquilla que al final de cuentas hizo su vida tan campante, aún frente a la neurosis de su enamorado iracundo. Hamet por el contrario, la encontraba en cada esquina, en cada beso que regaló.
Quién sabe por qué nos empeñamos en empresas que nos son imposibles, que no merecemos y que utilicemos el bastión del amor para perseguirlo.

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Sobre FútbolEn Guatemala, pareciera que el colectivismo fuera un mito. Especialmente en el deporte. Los mayores logros que recuerdo se han hecho de una manera individual. En este caso los grupos solo logran que las cobardías se exculpen con el otro. Esto hace del fútbol, un deporte fracasado, once temores tras un balón.

Muy al contrario de los deportes individuales, donde no existe lugar para esconder esos miedos. Sólo queda enfrentarlos y vencerlos. Allí nadie tiene la culpa.

Pero, ¿Por qué seguimos a los grupos? ¿Por qué apoyamos a los fracasados? Tal vez nos identificamos con esos miedos que los hacen correr tras el balón y nos vemos reflejados en ellos. Ellos huyen, para defenderse, porque no saben hacer otra cosa, nosotros tampoco.

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Es difícil resistirse a caer en las garras de la masa, peor si ésta ve fútbol, ya que te integra y casi sin percatarte cantas el primer gol. Elías Canetti, decía que la masa detesta tocarse de forma individual, pero lo acepta cuando están en masa, en conjunto. Yo agregaría, después de asistir un partido de fútbol, que el deseo llega al punto de besarse.


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Ángel Elías

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