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El irreverente del espejo


Los guatemaltecos somos y hemos sido ceremoniosos, perniciosos, incultos, ingenuos rayando en lo atarantados, silenciosos, apagados, chismosos, un país de bolas, muy dados a la imitación, con poca capacidad para el diálogo, malinchistas, clasistas, entre otra serie de monerías, en pocas palabras de gente “a la Tortrix” (lapsus para el comercial). Somos tan únicos que a veces se agradece que no seamos más.

El espejo irreverente, libro de Raúl de la Horra, nos devela tal y como somos. Con todo y nuestros zapatos sucios. Durante el transcurrir de las páginas nos reflejamos y con una sonrisa de complicidad nos reímos de nosotros. Algo que muy pocos veces hacemos. Pero no es que sea un manual de chistes sino porque es un manual de cómo ser guatemalteco y no enloquecer en el intento. Este libro es una antología de sus columnas periodísticas publicadas en elPeriódico de Guatemala.

Ciertamente de la Horra con su particular forma de ver la vida nos devela, nos da soplidos, sopapos y mazazos en la cabeza para que enderecemos el barco al que llamamos Guatemala. Dentro del libro, que es la reunión de muchos analistas escondidos en cada esquina de la ciudad de Guatemala. Con ironía un tanto de sarcasmo, nos vemos envueltos en realidades que al terminar de reírnos nos preguntamos, ¿Por qué? Y simplemente nos echamos a llorar.

El espejo irreverente con un humor ácido nos sumerge entre lo que somos, la consecuencia de una reprimida y altamente tóxica sociedad. Y quienes hemos vivido aquí durante toda la vida nos hemos hechos inmunes. Con historias y narraciones El Espejo Irreverente sopla lentamente y nos saca de esa caverna en la que únicamente vemos sombras.

Entre las líneas encontramos al psicólogo, sociólogo, padre adoptivo, amante inconcluso, entre otros entes que escribe constantemente sobre nuestro país. Eso sí, sin falsas posturas, sin nacionalismos absurdos, campañas inútiles para sentirnos patriotas. Sin toda esa basura mediática, que ha lecho de nosotros un pueblo de iletrados. Y a ello un país frustrado y con malos resultados a todo nivel. “Si la iglesia católica nos habituó con sus moralinas a sentirnos niños de teta, las diversas iglesias neopentescostales, por su parte, tratan abiertamente a sus siervos como retrasados mentales” Ciertamente las cosas son como son y no se puede seguir dando al hijo leche con biberón.

Raúl de la Horra, no tiene reparos para contarnos cuál es el pie más largo que el otro. Y por supuesto acierta. Esto en los aspectos que toca en su libro. La columna periodística, género periodístico manoseado, es uno de los peor cultivados en este país. Por otro lado, columnistas que en realidad valgan la pena leer, en cualquier temática es muy difícil de encontrar. Aunque en este país, es un tanto más difícil encontrar una mente lúcida y que se pueda expresar.

Raúl de alguna manera lo logra. Sacar la cabeza de la cubera llena de cangrejos guatemaltecos para respirar un poco y regresar a contar que allá, afuera, hay mucha más agua donde jugar.
El Espejo Irreverente, libro de Raúl de la Horra, editado por Editorial Cultura lo pueden conseguir en cualquier librería del país. La cordura se vende por separado.

Ángel Elías

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