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Lucirnos desde el suelo


Publicado Magacin 21
Siglo XXI
Domingo 4 de julio de 2010

“No es ese exilio de patria. Es uno más profundo, es un desarraigo en el alma”, apunta Ángel Elías al reseñar una de las obras de la Nobel de Literatura 2009.
El hombre es un gran faisán en el mundo, de Herta Müller. Título original: Der Mensch ist ein groβer Fasan auf der Welt. Alfaguara / Santillana. 140 páginas.

Ángel Elías angel10gt@yahoo.es

Un faisán. Lo vemos y nos detenemos. Nos entretiene su belleza y elegancia, pero esta ave carece de una cualidad, no puede volar. Herta Müller, Nobel de Literatura 2009, ofrece en El hombre es un gran faisán en el mundo (uno de sus pocos traducidos al español) una obra revestida con un lenguaje oscuro –algunas veces encriptado– y otras densamente poético.

Herta Müller nace en Nitzkidorf, Rumania, en 1953. Es obligada a salir de su país y vive en Berlín desde 1987. Sus obras han sido traducidas a 21 idiomas. Müller retrata la vida de los exiliados en sus relatos, acorde a lo que ella ha vivido. La autora transporta al lector a Rumania y a la vida de una familia, la del molinero Windsch y su esposa, quienes a lo largo de la trama nos develan sus deseos de salir. Pero ¿de dónde? De cualquier lado. Somos seres de la fuga.

A lo largo la de la narración la Nobel nos sigue diciendo eso. Nos fugamos de la vida, de la realidad. Nos fugamos rumbo ¿al destierro, al exilio? La autora, con su lenguaje nos sumerge en la impotencia y la densidad de la palabra. Nos toma, nos enciende y nos deja mucha melancolía. Por ratos quisiéramos escapar también.

El exilio es el tema sumergido en la lectura. Pero no es ese exilio de patria. Es uno más profundo, es un desarraigo en el alma. Por ello, los personajes que construye son oscuros y hasta puede que un poco insípidos. Pero con el paso de las páginas toman sentido, y mucho. Ese juicio favorece a la reflexión y permite vivir, experimentar el sentimiento de abandono de los personajes. Cada uno hace su vida, pero avanza hacia el escape que le queda más cómodo. En algunas ocasiones suenan machistas, en otras grotescos, y nunca pierden ese hálito de nostalgia y tristeza que invade al lector.

Entre los rumanos es cotidiana la frase He vuelto a ser un faisán, en alusión al fracaso. “El faisán es un perdedor”, ha dicho en alguna oportunidad la misma Müller.

Aunque es ave, el faisán no vuela, vive en el suelo, es una presa fácil que no puede escapar. En su obra la autora aprovecha el símil con la realidad de una familia de origen alemán que desea dejar Rumania. Los personajes, asfixiados por unas fronteras no solamente geográficas, trazadas por los aparatos represivos de la dictadura, reflejan una gran tensión en sus vidas.

El hombre es un gran faisán en el mundo está lleno de mitos vestidos de realidad. Una lechuza que anuncia muertes no es más que el símbolo universal del cambio, de la noticia. La lechuza a la que su ulular o su vuelo amedrenta a los pobladores también tiene su muerte. A cambio, llega otra mensajera, un poco más torpe y más inexperta, pero con el mismo poder que la anterior. En torno al monumento de los caídos han crecido rosas. Forman un matorral tan espeso que asfixia la hierba…. Esta amaneciendo. Pronto será de día. Con estas palabras comienzan los relatos. Toda referencia apunta al exilio, que algunas veces es personal, y al anhelo de que las cosas cambiarán.

Windsch, su esposa y Amalie, un núcleo familiar alemán que espera con ansiedad la autorización para abandonar Rumania, completan cuadros completos de aislamiento, cada uno dentro de su propio mundo. Un lado machista, otro lado tolerante y otro aparentemente promiscuo. Amalie nos cubrirá de vergüenzas dijo en algún momento Windsch, cosas que la sensualidad de la narración no puede ocultar por momentos. Pero en el transcurso de la narración ni Amalie, ni el lector logran sonrojarse, menos cubrirse de vergüenzas.

Los campesinos del pueblo en el cual viven los Windsch escaparon de la II Guerra Mundial y también de las deportaciones a Rusia. Creían haber conquistado con sus sufrimientos el derecho a permanecer en su tierra. Creían que no habría necesidad de escapar, sin embargo, los excesos del comunismo los ponen nuevamente vez en marcha.

El hombre es un gran faisán en el mundo, se refiere a los fracasos, a las luchas sin terminar. A lo que somos y no logramos ser. Este libro evoca un sentimiento de tristeza. Somos ese faisán que no vuela, que no triunfa. Pero ¿es que acaso el fracaso tiene que ser precisamente malo? Fracasamos constantemente y, como el faisán, sólo nos queda lucirnos desde el suelo.

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