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A unas horas después de la bulla


En estas fechas, lo demás son promesas. Los propósitos, son siempre los mismos. Aquellos que vemos diluirse con el transcurso de los meses. Porque somos expertos en promesas. Aunque esos logros están supeditados a la voluntad y otro poco a la fortuna. Y pasamos fines de año, celebrando, emborrachándonos de sueños y buenos deseos. Somos máquinas que derrochamos generosidad, impulsados un poco al saber que el año que se extingue, no son más que consecuencias. Somos sueños malogrados. Con el pasar del tiempo, olvidamos ir al gimnasio, olvidamos leer aquel libro, olvidamos ese ser en el que nos transformamos en ese último mes. Una mezcla rara entre santa Claus y el reno de la nariz roja. Llenos de voluntad 
e impulso. Todos los años es lo mismo. Con variantes exóticas.

¿Por qué no cambia nuestro país cuando celebramos el año nuevo? ¿Acaso, todos contagiados por el espíritu de la época, no nos provoca la necesidad de ser mejores? Y claro, lo tratamos de ser, pero fallamos constantemente. Porque seguimos sumergidos en una barbarie donde la impunidad reina a todos niveles.

Para este año, al igual que el anterior seguiremos subiendo aquella piedra de la que habla Sísifo, ¿El próximo? Es el mismo cuento. La diferencia es que estaremos cada año más viejos, un poco más amargados y esperando que las cosas levemente mejoren.

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Al finalizar el año 2010, escuchaba como en una agonía acababa entre cohetillos el año. Y cómo todos se daban el abrazo, brindando. Vi como todo lentamente cambiaba, de tristeza a alegría pasajera. Imaginé a muchas familias comiendo tamal. ¿Por qué se come tamal en estas fechas? ¿Por qué se espera la media noche? ¿Quién dijo que se comen uvas con campanadas? ¿Se escuchan campanas entre tanto cohetillo? ¿Por qué hay que comer a media noche a riesgo de indigestión? ¿Por qué nos cuesta tanto seguir el camino? ¿Por qué no soy un niño normal?

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Estos días son propicios para los suicidas. La ley de la oferta y la demanda, pondrá esta actividad en oferta.

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 Cada año mi perro se pone triste, porque no recibe el regalo que quiere. Un hueso de plástico. Todo el año se la pasó trayendo el periódico a la casa. En el último mes, ladraba por cualquier cosa en el patio, para que me diera cuenta que se merece un buen regalo
Yo no tengo el valor de decirle que no tengo dinero para un hueso de plástico. Que por este año tiene que conformarse con uno de pollo en la cena de noche buena. Antes de la navidad anda saltando por toda la casa. Olfateando y buscando el lugar donde pueda tener escondido su regalo. Me pone triste su alegría. No sabe que su regalo todavía esta dentro del horno.

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En 2011, esperemos… puede pasar cualquier cosa o puede que no pase nada. La expectativa es una regla sobrevalorada.

Ángel Elías

Comentarios

Estanislao dijo…
Detrás de esa alegría yo tengo la sensación de que hay mucho conformismo infantil y egoísta, como el de tu perro esperando el pobre su pobre hueso; pero el perro no es responsable ni culpable de su conformismo ni de su egoísmo.
Los humanos, en cambio…
Digo “egoísmo” por ese afán de a toda costa ser feliz o, al menos, estar contento. Y “conformismo” porque nos avenimos en realidad con cualquier tipo de parcheo para ir tirando.
¿No es cierto que parecemos todos, la humanidad entera, enormemente desvalidos?
Y en nuestro desvalimiento nos hacemos egoístas; sin darnos cuenta de que el egoísmo no nos vuelve (ni por asomos) menos desvalidos.
Me imagino a veces a todos los habitantes del planeta sentados en una gran asamblea tratando de dialogarlo, de entenderlo, de descubrir en qué estamos equivocados, en qué momento la historia del mundo se torció cuando podía haber sido tan distinta y, sólo tal vez, porque en algún instante alguien dio un primer paso por un camino que lo iba a apartar de su para qué y de su verdad y, a partir de ahí, hemos llegado a estar a una distancia enorme de aquel punto en el que tuvimos la posibilidad de no errar.
En fin, desconocido al que he encontrado por azar, no te entristezcas demasiado.
Y ten cuidado con los huesos de pollo para el perro, al romperse se hacen astillas que se le pueden clavar en la garganta. Dicen que son mejores los de rodilla, unos que tienen aspecto bastante harinoso.
Angel Elías dijo…
Estanislao: conformismo y egoismo, es lo que a la larga caracteriza al ser humano, el perro puede ser cualquiera, podemos ser todos. Me gustó tu análisis, somos esos desvalidos que buscamos recompezas, en ese punto perdimos el rumbo, en perseguir nuestros intereses mezquinos y particulartes. Ya estamos lejos de no errar, ahora ya no tenemos que seguir haciéndolo, ja parezco campaña política.
No entristezco demasiado, estanislao, solo lo suficiente. Porque los huesos de gallina, por lo menos son menos mortales que los de pescado y los de rodilla, pues no los he probado.
Gracias por la visita

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