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Textos XXV


Me detengo en una tarde como esta, para escuchar a Antonio Vivaldi con el Concerti con molto isotromenti, nada me puede dar más tranquilidad que eso. Los sábados pueden ser relajados junto a una copa de vino.

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Los silencios se rompen con un correo tuyo. Así como eres, intermitente, enredada, tan llena de sorpresas. Aunque ya las palabras no dicen mucho, simplemente lo que ya sabemos.

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Aquellas palabras se deslizan lentamente por el violín del barroco, un rock temprano. Para esas épocas Vivaldi debió ser un rebelde. Nada de clásico, todo un maestro en la estridencia de ese instrumento. Si pudieran escuchar las genialidades que pueden salir de un instrumento tan bello y magistralmente interpretado, sabrían de lo que hablo.

Nada de retumbos, nada de ruidos contemporáneos. Solo música de altura, con toda la velocidad que puede dar un concierto de violines. Hay pocas comparables a un gran concierto. El aislamiento para sentirse por momento vivo.

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La música para mí tiene un significante especial. Es esa parte del día donde nada más importa que el relajante viaje de una melodía. Nada estridente. Música de cámara para dormir, escribir y leer. Un poco de jazz para pensar, Big Bands para vivir la época. Pareciera que las épocas anteriores son mejores que los años de reggeton o norteña.

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Bar en la zona central, sábado por la noche. Varios compañeros de trabajo alrededor de una botella de cerveza. Todos hablan, a nadie entiendo, parece que todos se conocen de años. Piden salsa y merengue. Y contorsionan sus cuerpos mientras llega la media noche y la media botella a su final. Sudan hasta sacarse las penas y las lágrimas. La primera pareja desaparece en un hotel que queda justo enfrente. Esa escena hace que las contorsiones sean más sugerentes y sexuales. Yo no puedo bailar, lo que me deja a la expectativa de lo que pasará. Me aburro, la escena se pone más evidente. No me gustan los finales predecibles. Me escabullo en un taxi a altas horas de la noche por aquellas calles neurálgicas del centro de la ciudad.

Ángel Elías

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