Ir al contenido principal

Textos XXV


Me detengo en una tarde como esta, para escuchar a Antonio Vivaldi con el Concerti con molto isotromenti, nada me puede dar más tranquilidad que eso. Los sábados pueden ser relajados junto a una copa de vino.

*********
Los silencios se rompen con un correo tuyo. Así como eres, intermitente, enredada, tan llena de sorpresas. Aunque ya las palabras no dicen mucho, simplemente lo que ya sabemos.

*********
Aquellas palabras se deslizan lentamente por el violín del barroco, un rock temprano. Para esas épocas Vivaldi debió ser un rebelde. Nada de clásico, todo un maestro en la estridencia de ese instrumento. Si pudieran escuchar las genialidades que pueden salir de un instrumento tan bello y magistralmente interpretado, sabrían de lo que hablo.

Nada de retumbos, nada de ruidos contemporáneos. Solo música de altura, con toda la velocidad que puede dar un concierto de violines. Hay pocas comparables a un gran concierto. El aislamiento para sentirse por momento vivo.

*********
La música para mí tiene un significante especial. Es esa parte del día donde nada más importa que el relajante viaje de una melodía. Nada estridente. Música de cámara para dormir, escribir y leer. Un poco de jazz para pensar, Big Bands para vivir la época. Pareciera que las épocas anteriores son mejores que los años de reggeton o norteña.

********
Bar en la zona central, sábado por la noche. Varios compañeros de trabajo alrededor de una botella de cerveza. Todos hablan, a nadie entiendo, parece que todos se conocen de años. Piden salsa y merengue. Y contorsionan sus cuerpos mientras llega la media noche y la media botella a su final. Sudan hasta sacarse las penas y las lágrimas. La primera pareja desaparece en un hotel que queda justo enfrente. Esa escena hace que las contorsiones sean más sugerentes y sexuales. Yo no puedo bailar, lo que me deja a la expectativa de lo que pasará. Me aburro, la escena se pone más evidente. No me gustan los finales predecibles. Me escabullo en un taxi a altas horas de la noche por aquellas calles neurálgicas del centro de la ciudad.

Ángel Elías

Comentarios

Las más vistas

Cincuenta años que no saben a soledad

Encontrarse con el universo de Gabriel García Márquez es uno de los fenómenos más particulares que puede ofrecer la literatura universal. Sus letras transportan al lector a ese mítico Macondo donde todo y nada sucede al mismo tiempo. Donde las horas se detiene, transcurren y regresan al antojo de sus habitantes.
Los Buendía, todos los parientes, tejen el entramado más poético de la literatura Latinoamericana desde su curiosidad por el hielo hasta el famoso vuelo de las mariposas amarillas. Cien años de soledad huele a ballenato, a Caribe, a mar, a Latinoamérica, con todos sus problemas e ingenuidades.
A 50 años de Cien años de soledad parece que esa soledad no existe porque con la lectura nos acompañamos todos los latinos, porque nos identificamos con sus colores, sus ritmos y sus reflexiones. Lo maravilloso de este texto es que al final somos nosotros los que estamos reunidos en esos relatos que hasta parecen fantásticos, tan llenos de amor, tan llenos de dulzura, pero también de reali…

Reírse solo…

Foto: www.ojodigital.com
…involucra cierto grado de complicidad interna y una energía generada por una felicidad que no se puede contener. Y sucede que se escapa a cada rato por los labios y no se puede evitar. Todos se dan cuenta, es demasiado evidente.

¿Pero, qué puede provocar este estado de satisfacción? El hombre busca desde hace mucho tiempo la felicidad y desea con toda el alma encontrarla. Y de hecho cuando la encuentra ya sea de manera fugaz, se siente feliz. La felicidad, es demasiado fugaz como para desperdiciarla, al no expresarla. ¿Cuántas veces en la vida, somos realmente felices? Seguramente su respuesta es la evidente, muy pocas veces. Entonces la búsqueda continúa, y se vuelve necesaria para vivir.

Después nos damos cuenta que la búsqueda de la felicidad, consiste en desfrutar el momento, y sobre ello, que al alcanzarla se disfrute más.

El reírse hacia nosotros, lo hacemos pocas veces. Y desbordarla, contadísimas veces. Pero la felicidad, su búsqueda, es una meta muy p…

El amor

Lo que se dice acerca de lo que se siente puede hacernos revivir el más alto de nuestros sentimientos.
por Ángel Elías Publicado en  Revista D 
Prensa Libre   13-02-2011
Muchos entran a la literatura por la puerta del amor, ya que este es uno de los temas más tratados en la narrativa y la poesía. Otros argumentan que es el más fácil. Algunos estudiantes emborronan cuadernos para crear sus primeros versos, en tanto que otros plagian a autores que nunca sabrán que sus textos terminaron en el ropero de alguna quinceañera. Los invitamos a hacer un breve recorrido por la literatura amorosa de este país. Resulta imposible abarcar tantos siglos de amor escrito en unas cuantas páginas, razón por la cual seleccionamos a algunos autores y autoras que, por su trayectoria y renombre, serán fácilmente recordados por los lectores. Si bien tal selección es arbitraria, tiene la salvedad de que contiene un sentimiento universal, para el cual sería insuficiente escribir varios miles de páginas. Así como Jos…

Apofonías IX

Suspiro: Una especie de pajarito atrapado en tus labios
Sol: El medio día perdido en tu cabello, se escabulle de vez en cuando para conocer otras latitudes, otros panoramas. Ilumina con cada sonrisa en los equinoxios y el los solsticios se escapa a jugar un rato.
Sabor: ¿Qué sabor tienen tus pensamientos en la mañana?
Libro: esa parte que extraño de ti. Que me devuelvas los libros gastados.
Resaca: Todos tenemos resacas… algunos la mantenemos toda una vida.
Ventana: esa parte que nos conecta con el exterior, donde estamos lo suficientemente seguros como para ver sin asustarnos.
Sueños: Aquello que creímos nuestro. Ovejas escapadas del cielo.
Papel: Dice que lo aguanta todo. Esa tarde lloró tu despedida.
Regalo: La regaste, pue…
Desayuno: Frijoles fritos, periódico, noticias, titulares, el sol por la ventana, el frio escabulléndose por las cobijas, la cama despertando, los buenos días servido en tus ojos.
Ángel Elías

El clasismo chapín