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Texto Zip XXVIII



Hay algo que se me remueve al leer la poesía de Jaime Sabines. Tienen un toque tan simple, pero maravillosamente hermoso que lo hace único. “Mi corazón desde hace días quiere hincarse/ bajo una caricia, una palabra”, recita en uno de sus versos, es que acaso no es posible conmoverse con tan sublimes palabras.

Sabines tenía la habilidad de rearmar el mundo con frases aparentemente triviales, pero no lo son. Son palabras que le llegan al alma para conmover la hebra más profunda del corazón. Por donde quiera que se le lea a Sabines le sobra sentimiento y cuando a nosotros nos faltan palabras.

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Ya era tarde. Y las personas se diluían en el quehacer de la capital. Algunos a trabajar, una buena parte a descansar. Los vagones del metro se llenaban cada cuatro minutos. Unos salen, otros entran.

La estación Bellas Artes, se encuentra como enterrada entre jardines. Salir de ella es como aparecer de las entrañas de la tierra. Con su vapor vespertino y las personas presurosas. 

Yo, caminaba entre ellas, como arrastrado por una corriente invisible de cuerpos y ojos.
Un viejo toca el saxofón y más adelante un joven toca su acordeón por unos pesos. Su sombrero se llena conforme la gente avanza. Esta vestido de jeans y bufanda. Algunos se detienen por momento y otros, seguramente acostumbrados a verlo todos los días, ya no se detienen.

Veo a aquel joven interpretando melodías de jazz. Un poco desafinado para mi gusto. Le dejo 20 pesos y agradece con un gesto. Las entrañas del metro tienen ruidos raros, como a paso del tiempo en carriles de metal. Huele a tiempo y ciudad hundiéndose. Camino por sus pasillos hasta salir a la calle. Allí los edificios grises se levantan hasta sorprender al cielo. Las luces de la ciudad lentamente se encienden, los autos recorren las calles como siguiendo un camino invisible. La ciudad  de México tiene un encanto que envuelve. Una cosmopolita ciudad entre los trópicos.

Frente a Bellas Arte se levanta una exposición de Botero, admirándose del paso citadino y los flashes de los curiosos paseantes.

Nada puede sorprender más que encontrar el arte depositado en la calle.

Ángel Elías

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