Textos Zip XXXI



Un grupo de cofrades aparecen entre los callejones del pueblo. Presurosos recorren las calles y las aceras del lugar. Tocan un tambor con frecuencia al llegar a cada esquina. Algunas puertas se abren para dejar entrar el viento del 25 de diciembre. Se mezcla con los residuos de pólvora, olor de pino y ponche de la noche anterior. Los cofrades ingresan presurosos acelerando el sonido de aquel tambor. Ven por todos lados, bajo las camas, atrás de las puertas, sobre las ventanas, bajo los techos. El pesebre luce vacío. Los cofrades se despiden y salen rápidamente. Solo ven un pequeño cruzar la esquina. Y sigue la percusión. El niño Dios se les ha escapado nuevamente.

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La fogata iluminaba su rostro. A lo lejos se escuchaba una serie de petardos que estremecían el ambiente por momentos. Sus pequeñas y delicadas manos sostenían una estrellita que se al consumirse le sacaba una sonrisa. ¿Cuál era el deseo de este año?

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Antes de las doce de la noche, la música inundaba la casa. Estaba decorada de verde y rojo con listones dorados en las ventanas. Aquel joven entró con un poco de miedo y timidez mientras ella le a jalones lo metía hasta la sala. La algarabía de la casa poco dejaba apreciar aquella escena. Las navidades se repiten con los mismos rostros,  ausentes e intrusos. Las postales de la noche buena revelan secretos navideños. Faltan pocos minutos para el brindis final. Aquellos amantes se tomaron de la mano, bajo la mesa, mientras el reloj daba las doce de la noche de navidad. ¿Cuál era el deseo de ese año?

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El sonido de un plato quebrarse en la cocina hace que la abuela llegue a ver qué sucedió. Una niña de ojos hermosos y manos de marfil había dejado caer un plato por tratar de ayudar a servir la mesa. Cuatro años no son suficientes para guardar equilibrio. La abuela no le dice nada mientras la mamá la reprueba con la vista. Aquella niña tiene los ojos vidriosos por el regaño que se le avecina. La dejan sentada en la mesa, para que ya no moleste. Minutos después llega la abuela con chocolates y el regalo que le tenía preparado. ¿Cuál era el deseo de ese año?

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 En algún lugar del mundo, se viven escenas cotidianas, algunos las capturan, otros las escriben. En algún lugar del mundo, un gran escribano parte el destino en lo posible y lo imaginario. Y pregunta ¿Cuál era el deseo de ese año?

Ángel Elías

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