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Textos Zip XXXII



La noche transcurre entre teclazos de una sala de redacción de un periódico en una noche de domingo. Luego el silencio se apodera del sitio cuando quedamos solo algunos frente a la expectativa ante el inicio inminente del lunes.


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¿Qué estará haciendo ella esta noche? Tan lejos como se puede ir, impulsada por olvido. Tan cerca como nos puede unir los recuerdos.


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Mientras te leía poesía en la cama, tú reías. Pasamos la noche con los dedos entrelazados y el gato en tu regazo. Ese minino es celoso, ronronea de manera extraña, yo lo sería también si tuviera que compartirte con él siempre.


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Las sonrisas escapaban por las rendijas de la casa. Los besos se deslizaron entre las ventanas. El desayuno/almuerzo fue servido entre las carcajadas enjuagadas con jabón y platos que olían a nosotros.


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Bequer se relamía los versos mientras pirueteaban tus palabras en mi cabeza. Cada línea te hacía reír. Inexplicablemente mi voz te hacía cosquillas en la conciencia.


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Debimos hablar menos y actuar más. Al final del acto nos convencimos, por un momento,  de que aquel  fin de semana era parte de nuestras vidas. Los lunes llegan, siempre llegan inoportunos.


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En la sala de tu casa escuchamos pasar las horas, sigilosas, persiguiendo al gato por toda la casa. El minino jugó después a arrinconarlos en el patio.


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Oscurecimos la casa para entender lo que sucedía. Las sombras fugazmente se arrancaban besos y suspiros, enredados en más preguntas que respuestas. No hay nada como guiarnos por los pasillos con nuestro tacto pegado al corazón.


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Al amanecer nos vimos nuevamente, tú con los ojos aún dormidos, yo en la sala con el periódico del domingo que no publicaba nuestra historia.


Ángel Elías


Comentarios

Los disfruté, amigo, el del gato y la lectura de poesía me parece genial.

Saludos.
Angel Elías dijo…
Gracias amigo, sé que andas leyendo lo que publicamos, espero no te quedes con la sensación de querer saber más de la historia.

Saludos fraternos

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