Blues de domingo



Entonces para ambos cayó lentamente la lluvia. Tu cabello estaba mojado, con perlas derramándose entre nuestras ropas. Las calles lucen vacías, todos se refugian mientras llueve, a diferencia de nosotros.


Los recuerdos se construyen de retazos de tiempo. ¿Qué tiempo nos pertenece? El presente es esa señora que nos prepara los panes para la refacción. El pasado, un capataz con un látigo entre las manos. El futuro, esa abuelita dulce que espera lo mejor de nosotros.


¿Dónde estamos? Vivimos en el momento de saltar charcos bajo la lluvia intermitente, mojándonos los zapatos, humedeciendo nuestros labios. Una lactosa niebla aterriza en aquella ciudad que recorremos de las manos. Y la lluvia no cesa. Nuestras palmas  son las únicas que tenemos secas.


Aquella ciudad sigue enmudecida, pero no callada. Se escucha el tambor de las gotas en las casas de adobe. Y a lo lejos el latir de tu corazón que a veces parece latir un poco más fuerte que el mío. ¿Tomamos un café o un malteada de estrellas y azúcar?


Nosotros, desaparecemos en la niebla que deja la lluvia y un poco el frío que entibia nuestros corazones. Sabes, un beso no quedaría mal para este blues. 

Ángel Elías

Comentarios

Te felicito por este texto tan precioso, amigo. Un regalo tener la suerte de leerlo.

Un abrazo, Pedro.
Angel Elías dijo…
Amigo Pedro, para mí es un privilegio que comentes este texto. De alguna manera este es un texto bien significativo. Seguirán apareciendo más, no ha terminado la historia. Un abrazo.

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