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Los posmos



Hace algunos días un amigo me preguntaba qué era un escritor posmo, a riesgo de crear un pretexto de despotricar me dediqué a leer algunos de estos escritores coterráneos míos. A. es otro amigo que ha hecho un estudio bastante superficial, él dice superficial porque, según él, no se merecen más. A. me explicó que era fácil identificarlos, por su forma de escribir, su forma medio caótica de ver la vida o su intento de ser los herederos de Bukowski, pero por lo borrachos, no por lo talentosos. Habrá que aclarar que este escrito no es para criticar la forma de vestir, vivir, o expresarse de estos “escritores” que pululan en los ambientes culturales. En pocas palabras, me dice A., es necesario leerlos para identificarlos. No hay que confundirlos con los hipster, con los hippies o con los desocupados. No, los escritores posmos pueden ser  la combinación de varias de esas tribus urbanas. Ellos, según A., escriben así:

Escrito posmo innecesariamente trivial
Me siento mal. Salgo a la calle. Veo pasar un perro. Lo veo orinar. Pienso. Una camioneta pasa. Nada cambia a mi alrededor. Me deja la cara llena de esa espesura de la ciudad en una camioneta. Me siento solo. El gobierno habla. La radio está encendida. Nada cambia. La lluvia empieza. La ciudad ruidosa habla. El asfalto es asfalto (Sic). El perro comienza a ladrar. Una mujer salta en su alegría. Baila, baila, baila. Veo mi mano. La sigo viendo. Cómo pasan los años. El mundo es un caos. Mi vida se resume a un estrépito. Camino. El semáforo cambia. Nadie me entiende. Paso corriendo la calle. Nadie me observa. Saco un lápiz  y dibujo a una viejita. La libreta está mojada. La guardo. Saco una servilleta. Escribo un poema. Escucho a Lenon en mis audífonos. Tengo hambre. Me dirijo a un restaurante. Un  chino está en la puerta. Me grita. Saco mi libreta. Ya se secó. Escribo mi primer poema. Pido una cerveza. La cerveza se derrama. Pido otra. Saboreo. Escribo un poema. La gente entra al baño. Pido otra cerveza. Escribo otro poema. Comienza a llover. Escribo un poema y bebo el último sorbo de cerveza. Enciendo un cigarrillo. 

¿Alguna duda?

Ángel Elías

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