Texto Zip XXXVI



Tal vez verla aquella tarde no dice mucho. Ambos estábamos en el noveno piso de un edificio que más parecía que se caería en cualquier momento, por efecto de las polillas “comeconcreto”. No dice mucho que aquella noche nos encontramos en un correo electrónico. Menos cuando compartimos un poco de agua en verano, en aquella calle llena de extraños.

Nada de eso me dice nada. Me vuelca de recuerdos tu vestido largo y tu sonrisa dibujada como cuando le hacíamos caritas al sol en los dibujos de primaria. ¿Quién te dibujó a ti? ¿Quién tuvo ese atino de recrear mis bosquejos en la preprimaria? Eres esa estrella que tenía goma y brillantina en un papel, obra maestra a mis 4 años de edad que colgaba en el refri de la casa. Eso me dice todo.

Me dice todo tu cuerpo en la cama, contando tus heroicas aventuras. ¿Hay algo más emocionante que encontrar cada recuerdo en las esquinas de la calle? Vamos sé que es difícil explicar que la vida se derrama en cada encuentro con el pasado. Pero con ella, las teorías pierden la validez de las mariposas amarillas de García Márquez.

Como sonido de tu auto, se escucha como el ronroneo de un gato, un gato gigante que te cuida. Nadie te puede cuidar mejor lo sueños que los personajes que hemos inventado y que con el paso del tiempo ya hasta parecen reales.

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