Un día de historia en Ayacucho
Una de las batallas parteaguas sobre la independencia de Sudamérica es la Guerra de Ayacucho, en 1824. Este enfrentamiento se da en Perú, en la localidad de Ayacucho, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar en una zona estrecha y escabrosa. Al contrario de lo que nos podemos imaginar, en donde una batalla se realiza en terrenos planos, con artillería y caballos durante varias semanas, por lograr la independencia esta batalla no duró más de 4 horas.
Los realistas y los independentistas se enfrentaron en una batalla para definir el futuro de la región, unos buscando la fidelidad a la Corona española y los otros buscando la independencia de Sudamérica. Está demás decir que los aires de emancipación soplaron al final de la batalla, en la que los realistas tuvieron que darse por vencidos ante el ímpetu de los adversarios.
Esta novela va mucho más allá de narrar hechos del pasado, de los cuales ya conocemos el desenlace. Lo interesante de este relato es que Goñi se dedica a desentrañar todo lo que pasó antes y durante la batalla que, para fortuna de los independentistas dirigió el General Sucre. El autor tiene las pinzas, que solo da la investigación de 10 años, para desentramar cada uno de los detalles de ese encuentro bélico y lo hace con acierto milimétrico.
Ayacucho es un paraje casi inhóspito de Perú, pero es el bastión importante dentro de la historia de independencia de toda Sudamérica. Aunque la historia pudo quedar en el relato de la batalla, Goñi da más saltos en el tiempo. Explica muchos de los detalles que generalmente se pasan por alto, como la historia de los protagonistas, su influencia política, los entramados y las alianzas. Aunque uno de los detalles importantes que no deja de brillar entre los datos históricos es la participación de la mujer en esos momentos de independencia. Goñi hace el rescate del rostro femenino en el encuentro que culmina con la emancipación de la región.
Cuando leemos la novela, nos enfrentamos al relato de una batalla brutal en la que no se utilizó pólvora y todo se resolvió con lanzas y sables. Una batalla por la dignidad entre personajes de una época en la que el honor y los pactos se sellaban con un apretón de manos.
El 9 de diciembre de 1824 en la Pampa de la Quinua, al pie del cerro Condor Kunka se selló el destino de las naciones del sur.
Angel Elías

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