Me ha sorprendido su juguetona presencia, su forma tan peculiar de enfrentarse a la adversidad. Es toda una niña crecida, retozona y frágil. Es tan fácil enamorase de ella. La indiferencia de sentirse cómoda, de subir los pies a la silla, de sonreír sin que se lo pidan, o de apostarse frente al mundo sin importar el caos que provoca, es lo fantástico de ella. Su trabajo requiere de eso y más, representa la escena nunca vivida, pero mil veces montada. -Todo esto me suena a una búsqueda de respuestas internas que creíamos perdidas pero que encontramos luego de haber perdido la esperanza- dije. Ella sonríe, las luces se apagan, todo el recinto queda iluminado de manera tenue, por esa luz amarilla, que caracteriza al fin del acto. Desconcertada me da la razón, el juego de palabra tiene un descanso, un descanso suficiente para centrarme en lo que me ha ocupado todo el tiempo, ella. Su desentendimiento, por la seriedad del asunto me ha relajado, y sé que debo dejarme llevar por el inigualabl...