La primera vez que recuerdo que escuché sobre la guerra en Guatemala fue a los cinco años, un día hubo un apagón durante la cena familia y a la luz de las velas aparecieron las historias de desapariciones. Sé que parece escalofriante la escena y lo fue, se hablaba en voz baja de lo que sucedió y como si fuera un secreto que no se quería que se supiera. Esa es la imagen más certera que tengo de la guerra, un momento de secretos, misterios y oscuridad, en el cual nada era revelado y solo existía durante los peores momentos, en este caso cuando la energía eléctrica desaparecía. Mis tíos comentaban sus experiencias en Chimaltenango, y Quiché, de su milagrosa forma de sobrevivir, de quienes no lo hicieron, esas historias marcaron mi vida. Porque por momentos pareciera que no existiera esa parte de la vida del país y efectivamente eso quisieron durante muchos años. Al otro día los relatos ya no existían, era como si no habían contado nada, no se mencionaba nada de l...