Guatemala desde las alturas


Elías Canetti siempre desconfió de la masa, la creyó con falta de criterio para reflexionar. Su presupuesto era “cuestionar lo que la masa hace”. La subida por la vida fue una actividad donde se reunieron miles de personas para subir el volcán de agua en Guatemala y hacer una cadena humana desde su base hasta su cráter, ¿la razón? Detener la violencia.

Los actos simbólicos del guatemalteco son curiosos, realizan actividades para evadir su realidad. Jóvenes escalaron la montaña y no se dan cuenta que Guatemala es una sociedad violenta medular. Y que actividades como esa no contribuyen en nada al freno delincuencial, sino que solo sirve para narcotizar a la sociedad. Aunque he escalado muchas veces el volcán, no me ilusiono que con eso contribuyo a un mejor país. Se contribuye desde el trabajo, desde la erradicación de la corrupción, desde la participación social, la denuncia, el apoyo a personas con verdaderas necesidades. No en actos simbólicos de convocatoria masiva para sentirse parte de un “algo” inocuo e inexistente.

Siempre he creído que el guatemalteco es experto para engañarse. Pero lo más interesante es que le gusta hacerlo. Podrán tirar escopetazos por estas palabras, aduciendo que es un principio, que es mejor hacer eso a criticar, que están tratando, por lo menos. Puede que los argumentos tengan razón. Pero ciertamente están trabajando con herramientas erradas. No es un principio porque es el camino equivocado. No es participar en algo, porque ese algo no lleva a ninguna parte, más allá de pertenecer a un movimiento mediático y casi sin sentido.

En el lugar se repartieron bolsas con agua, galletas, comida de los patrocinadores que vieron con buenos ojos que su marca esté en un “magno” evento. ¿Por qué las colaboraciones no se hacen anónimas? ¿Mercadotecnia? Todos tienen que ganar, dicen, bueno ¿ganar qué? ¿Cuántos colocaron en su facebook fotos de la subida en el volcán para sentirse In? Todo para formar parte de un movimiento que nace de propuestas vacuas hacia problemas reales y profundos. ¿Si tuvieran un pariente moribundo subirían al volcán a tomarse de la mano para que se salve o lo llevarían a un hospital?

Hay dejar de ver a Guatemala como un ente flotante, hay que verlo como un ser más que tiene problemáticas sociales enraizadas en corrupción y que gracias a que los ciudadanos cierran los ojos todo continua igual.

La masa no piensa, decía Canetti. Son como los borregos. Son empujados hacia donde la publicidad los lleva. ¿Ese esfuerzo no quedaría mejor  en brigadas de voluntarios para sacar de la desnutrición a niños de Santa Bárbara en Guatemala, donde hay estudios que indican que es uno de los municipios con mayor grado de desnutrición en Latinoamérica. ¿Cuántos de los que subieron al volcán sabían siquiera que existían Santa Bárbara?

En la cima del volcán dibujaron un corazón que fue fotografiado por helicópteros de periodistas extranjeros. En Huehuetenango hay un niño que muere de desnutrición o una mujer que muere durante el parto. Eso parece que se olvida. Como toda la historia de este país. Una población joven manipulada, ciega, tartaja y a veces atontada, que cree que hacer nación es dar el “me gusta” en su red social favorita. Es triste, pero ese grupo de insensibles y sensacionalistas jóvenes nos gobernarán dentro de algunos años, poco consientes de la realidad de un país que lentamente se desangra.

Ángel Elías

Comentarios

Engler Garcia dijo…
Y encima, cobraron. Que dizque iban a donar la plata para organizaciones que trabajan para erradicar este problema. Pero saber, estas son las horas que, ni en la página de los organizadores, ni en algun medio en sus secciones sociales, porque dónde más pues, hay noticias al respecto. En fin, una estafa a la conciencia y una al bolsillo de los ingenuos y de paso, al pais via impuestos. "Los donativos son deducibles directos al ISR..." Y así. (Quiera a su país o´mbre y deje la criticadera)
Angel Elías dijo…
Engler: yo pensé que iba a decir, "y encima me cobraron".
Efectivamente todos colaboran pero no saben para qué. Es la parte triste de la historia que se repite constantemente en países bananeros y tropicales como los nuestros, o los suyos, o los de ellos

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