Los guatemaltecos somos y hemos sido ceremoniosos, perniciosos, incultos, ingenuos rayando en lo atarantados, silenciosos, apagados, chismosos, un país de bolas, muy dados a la imitación, con poca capacidad para el diálogo, malinchistas, clasistas, entre otra serie de monerías, en pocas palabras de gente “a la Tortrix” (lapsus para el comercial). Somos tan únicos que a veces se agradece que no seamos más. El espejo irreverente, libro de Raúl de la Horra, nos devela tal y como somos. Con todo y nuestros zapatos sucios. Durante el transcurrir de las páginas nos reflejamos y con una sonrisa de complicidad nos reímos de nosotros. Algo que muy pocos veces hacemos. Pero no es que sea un manual de chistes sino porque es un manual de cómo ser guatemalteco y no enloquecer en el intento. Este libro es una antología de sus columnas periodísticas publicadas en elPeriódico de Guatemala. Ciertamente de la Horra con su particular forma de ver la vida nos devela, nos da soplidos, sopapos y mazazos en ...