Ella tenía claro lo que deseaba. Estar con él. Javier le compartía libros en las paradas de los buses y durante el almuerzo cuando se encontraban. Rebeca vendía galletas en un puesto informal en la calzada más bulliciosa de esa ciudad. Javier cuidaba carros de lunes a lunes. Descansaba los días que estaba enfermo. Ambos se querían, con ese cariño que solamente nace en las ciudades llenas de adversidades. Compartían sueños, galletas, almuerzos y libros. A ambos les daba tiempo para leer, entre las ocupaciones diarias, entre los traileros y los asaltos. Imaginaban cosas que no existían. Dibujaban historias llenas de color, que luego dibujan en el asfalto del puesto que cuidaban. Rebeca llego a terminar la primaria, gustaba de los cuentos e inventaba historias que terminaba con sonrisa. Javier era bachiller, ¿Qué hace un bachiller cuidando carros? ¿Qué hace un genocida gobernando un país? En países tropicales las cosas no tienen explicación. Su amor surge por compartir espacios ...