La labor de escribir significa entregar lo poco o mucho que se tiene dentro del alma. Como desenredar ese rara y confusa telaraña que se tiene en la cabeza. Cuando inicié en la escritura pensaba que la publicación era el fin último de la literatura, ahora, a los años me doy cuenta que la publicación es lo que menos puede importar. Efectivamente, desde hace tiempo dejé la publicación de poemas o de textos porque simplemente mis escritos cumplen con la labor de quitarme de encima tanto murciélago que danza entre mis más oscuros miedos. Ese trabajo es por sí solo, una meta satisfactoria. La publicación de libros, no me quita el sueño, menos mis ganas de escribir. Es como un ejercicio mental constante que me hace sentir vivo, que me hace recrear mis ideas desde las más ingenuas hasta las más pesimistas. Es el juego de la literatura, enredarse en un raro complot de letras e ideas que inicialmente no tienen sentido, pero mientras más se avanza entre el las líneas est...