Hace algunos días, anduve con mi amigo Raúl. En esa conversaciones que entablamos, donde hablamos de todo y de nada a la vez. Sucede que en esos días él había salido de una terapia clínica complicada que le dificultaba algunas cosas que acostumbraba hacer. Esa tarde salimos a tomar un café que se volvió té, eso por lo de su dieta y su terapia. Desafortunadamente escogimos un lugar demasiado frecuentado por comensales. Que en pláticas anteriores, no nos percatamos de algunos detalles. Ya comenzada la plática y con el té humeando en nuestra mesa, él al igual que yo, vimos un espectáculo único. De belleza inigualable, comparado a pasarelas de París o Londres. Es cierto coincidimos, no había espectáculo más bello y sensual ante nuestros impotentes ojos. Un sinfín de exuberantes comidas desafilaban ante nosotros. Por un lado, mi amigo, con una dieta y por otro yo que le hacía compañía en su martirio. Entonces lo vi. Raúl embelesado con pastas, pasteles, postres, helados, comidas fuertes, ca...