Todos vivimos una especie de incertidumbre alumbrada por un rayo de razón, como si fueran esas tormentas donde solo vemos la cara iluminada y las siluetas del mundo por unos segundos. No se tiene la certidumbre del presente, ni del pasado, menos del futuro, porque nuestros destinos son tan frágiles que no sabemos dónde los perdemos, ni si lo lograremos recuperar. Vivimos sumergidos en desconocer nuestros destinos. Hace algún tiempo, frente a estos serios problemas existenciales un amigo me dijo: en la vida lo único que hay que saber, muchas veces, es lo que no queremos. Esas palabras en ese momento me dieron varias luces de dónde nos perdemos al tomar las decisiones. La incertidumbre es esa dama a la que siempre le huimos, pero que se aparece en el momento oportuno, para no dejar hacernos una estupidez o para empujarnos por el despeñadero de la tarugada. Lo cierto en nuestras vidas es que no tenemos nada asegurado, ni que nos han amado como nos dijero...