Ir al contenido principal

Hombres sin mujeres, de Murakami

El escritor japonés Haruki Murakami (1949) entrega al lector su reciente libro de cuentos Hombres sin mujeres.

Entre las habilidades que tiene este escritor destaca describir escenarios aparentemente simples, los cuales conforme avanza la historia toman caminos extraños.
 
Hombres sin mujeres es un libro que incluye siete cuentos cuidadosamente seleccionados por el autor, para que sus seguidores se sumerjan en la lectura de historias llenas de soledad frente al amor.
 
No son clásicas historias de amor y desamor; no, la pluma de Murakami no cae en el tema fácil de describir el rompimiento de una pareja, aunque describe ese pasaje para darle sentido a la narración, pero es solamente un paso fugaz, como un requisito.
 
A partir de ello se entretejen profundas historias llenas de soledad y reflexión. Sus personajes, todos hombres, se han quedado marcados por una relación pasada y están en esa búsqueda de explicarse la vida.
 
Murakami no deja ninguno de sus relatos sueltos a su particular estilo; todos sus textos están salpicados de picardía, jazz y algunos gatos.
 
El autor trata de que sus historias no dejen su complejidad por un argumento fácil; va más allá, amarra universos literarios justo a la medida de los protagonistas, que por momentos pareciera que viven en su propia dimensión.
 
Hombres sin mujeres tiene siete personajes medulares, todos tan diferentes como sus historias, pero coinciden en el desencanto frente a la relación de pareja: a las que idealizaron, amaron o simplemente compartieron recuerdos.
 
En el universo de Murakami no todo está perdido. Al contrario, estos hombres, en su plena soledad, la cual ya habían tomado de la mano para pasar la vida, se encuentran con mujeres que les marcan con una conversación o en un encuentro. Estas sellan pasajes perfectos frente a la ausencia, ante la falta de amor y compañía, pero no se quedan; ellas también se van, como las sombras en cada amanecer y dejan ese aroma inconfundible que se percibe en una casa en la que estuvo, por un momento,  una mujer que les cambió la vida.

Ángel Elías

Comentarios

Las más vistas

Cincuenta años que no saben a soledad

Encontrarse con el universo de Gabriel García Márquez es uno de los fenómenos más particulares que puede ofrecer la literatura universal. Sus letras transportan al lector a ese mítico Macondo donde todo y nada sucede al mismo tiempo. Donde las horas se detiene, transcurren y regresan al antojo de sus habitantes.
Los Buendía, todos los parientes, tejen el entramado más poético de la literatura Latinoamericana desde su curiosidad por el hielo hasta el famoso vuelo de las mariposas amarillas. Cien años de soledad huele a ballenato, a Caribe, a mar, a Latinoamérica, con todos sus problemas e ingenuidades.
A 50 años de Cien años de soledad parece que esa soledad no existe porque con la lectura nos acompañamos todos los latinos, porque nos identificamos con sus colores, sus ritmos y sus reflexiones. Lo maravilloso de este texto es que al final somos nosotros los que estamos reunidos en esos relatos que hasta parecen fantásticos, tan llenos de amor, tan llenos de dulzura, pero también de reali…

Reírse solo…

Foto: www.ojodigital.com
…involucra cierto grado de complicidad interna y una energía generada por una felicidad que no se puede contener. Y sucede que se escapa a cada rato por los labios y no se puede evitar. Todos se dan cuenta, es demasiado evidente.

¿Pero, qué puede provocar este estado de satisfacción? El hombre busca desde hace mucho tiempo la felicidad y desea con toda el alma encontrarla. Y de hecho cuando la encuentra ya sea de manera fugaz, se siente feliz. La felicidad, es demasiado fugaz como para desperdiciarla, al no expresarla. ¿Cuántas veces en la vida, somos realmente felices? Seguramente su respuesta es la evidente, muy pocas veces. Entonces la búsqueda continúa, y se vuelve necesaria para vivir.

Después nos damos cuenta que la búsqueda de la felicidad, consiste en desfrutar el momento, y sobre ello, que al alcanzarla se disfrute más.

El reírse hacia nosotros, lo hacemos pocas veces. Y desbordarla, contadísimas veces. Pero la felicidad, su búsqueda, es una meta muy p…

El amor

Lo que se dice acerca de lo que se siente puede hacernos revivir el más alto de nuestros sentimientos.
por Ángel Elías Publicado en  Revista D 
Prensa Libre   13-02-2011
Muchos entran a la literatura por la puerta del amor, ya que este es uno de los temas más tratados en la narrativa y la poesía. Otros argumentan que es el más fácil. Algunos estudiantes emborronan cuadernos para crear sus primeros versos, en tanto que otros plagian a autores que nunca sabrán que sus textos terminaron en el ropero de alguna quinceañera. Los invitamos a hacer un breve recorrido por la literatura amorosa de este país. Resulta imposible abarcar tantos siglos de amor escrito en unas cuantas páginas, razón por la cual seleccionamos a algunos autores y autoras que, por su trayectoria y renombre, serán fácilmente recordados por los lectores. Si bien tal selección es arbitraria, tiene la salvedad de que contiene un sentimiento universal, para el cual sería insuficiente escribir varios miles de páginas. Así como Jos…

Apofonías IX

Suspiro: Una especie de pajarito atrapado en tus labios
Sol: El medio día perdido en tu cabello, se escabulle de vez en cuando para conocer otras latitudes, otros panoramas. Ilumina con cada sonrisa en los equinoxios y el los solsticios se escapa a jugar un rato.
Sabor: ¿Qué sabor tienen tus pensamientos en la mañana?
Libro: esa parte que extraño de ti. Que me devuelvas los libros gastados.
Resaca: Todos tenemos resacas… algunos la mantenemos toda una vida.
Ventana: esa parte que nos conecta con el exterior, donde estamos lo suficientemente seguros como para ver sin asustarnos.
Sueños: Aquello que creímos nuestro. Ovejas escapadas del cielo.
Papel: Dice que lo aguanta todo. Esa tarde lloró tu despedida.
Regalo: La regaste, pue…
Desayuno: Frijoles fritos, periódico, noticias, titulares, el sol por la ventana, el frio escabulléndose por las cobijas, la cama despertando, los buenos días servido en tus ojos.
Ángel Elías

El clasismo chapín