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Guatemala necesita reconstruirse



Foto tomada de: playbuzz.com

En los días recientes, algunos sectores de los manifestantes que salieron a protestar por la corrupción en Guatemala el año pasado, se han visto envueltos en la polémica por la fractura de ideologías dentro del movimiento. Bienvenidos a la democracia, sitio en el que se respeta la posición del otro, aunque no la compartamos.


El diálogo para entender al otro parece que es uno de los pasos más difíciles para el guatemalteco, primero porque nunca aprendió a tenerlo y segundo porque para expresar su postura tiene la delicadeza de un elefante en una tienda de espejos. En lo que leí en redes sociales, las posiciones ideológicas se han apoderado de un movimiento que debería invitar a la unidad, a reflexionar sobre nuestras posiciones, pero principalmente a escuchar a otro, cosa que parece no sucede.


La primera postura pretende que en su actividad no se mencione posiciones ideológicas frente a la guerra y la otra quiere a toda costa expresarlo. Realmente ambas postura son válida si pensamos que la libertad es hacer lo que nos guía nuestros conceptos y posturas personales. Allí no debería haber ningún problema, la situación es cuando manchan una manifestación del ejercicio de la libertad para pensar y opinar con insultos y descalificaciones, entre los mismos que hasta hace algunos meses se daban de abrazos por la renuncia de los mandatarios.


El caso está más allá de las posturas en la plaza o si se comparten o no. Es algo más enraizado en la sociedad guatemalteca, es el resabio de nunca haber asumido que Guatemala tuvo una guerra que dejó miles de muertos y desaparecidos, entonces nos hizo una sociedad silenciosa, caótica y evasora. Estos temas, que en países civilizados se asumen, acá provocan ronchas. Lo que sucede con los problemas en la plaza es que parece que es les es difícil dialogar para llegar a acuerdo y principalmente asumir los errores, que seguro los hay. El guatemalteco es poco humilde para decir, me equivoqué.  ¿Acaso es tan difícil?


Creo que luego de 30 años, la sociedad civil por fin comienza a comprender que el otro también puede opinar, piensa y hasta tiene la osadía de pensar diferente. Pero ¿realmente estamos preparados para que el otro sea distinto? Pareciera que no. Las redes sociales se llenan de improperios y consignas que se repiten hasta el cansancio. Por un lado la derecha con su defensa  irracional hacia la negación de la guerra y la izquierda con posturas dignas de la película Bananas de Woody Allen.


Creo que la gente de la plaza tiene ese gran reto, asumir otra identidad o en el mejor de los casos crear su propia identidad de país, pero eso no se logra si no se escucha al otro, ni tampoco desde el activismo de FB. Se logra cuando asumamos que este no es el mejor país del mundo, y que el cambio está dentro de nosotros, no en la negación del otro, de su expulsión y menos de su marginación.


El país se construirá a partir de la justicia, de la exigencia de las responsabilidades sociales y de un  profundo cambio de actitud, y le cuento amigo lector, eso no es un proceso de 4 años, pero hay que comenzarlo aunque no veamos los frutos. 


Ya tiene un comienzo, en la plaza el reto es entenderse como nación, más allá del jolgorio o protagonismo que provocarán que todo este proceso esté condenado al fracaso. 

El reto para Guatemala es escucharse (aunque duela), a partir de allí, vendrán los cambios. 

Ángel Elías

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