A la Memoria de Lic. Juan Carlos Fernández García
La sociedad guatemalteca se pasa de salvaje. En un estado corrompido como el nuestro, con un estado de derecho decadente y la impunidad pululando por las calles, no es de extrañar que en algún momento quisiéramos salir corriendo para escapar.
En la semana que está pasando uno de los mejores catedráticos de la universidad San Carlos de Guatemala fue brutalmente acribillado por desconocidos. Realmente es lamentable que ese tipo de hechos se den todavía en sociedades que se dicen civilizadas, aunque cada vez pienso que no lo somos.
Uno de los mejores elementos en materia de comunicación e historia fue muerto en la prestigiosa zona 9 capitalina. Cuando éste se dirigía al aeropuerto donde culminaría su doctorado. ¿Es que en este país el salir de la ignorancia puede ser considerado un crimen, lo suficientemente grave como para merecer la muerte?
La universidad San Carlos de Guatemala salió perdiendo y la nueva generación de estudiantes no se beneficiarán de la gran capacidad intelectual de tan ilustre catedrático. En lo personal me considero afortunado. Primero por haberlo conocido y segundo por haber compartido cátedra con él. Nadie como Juan Carlos Fernández, Barbuchín, como le decíamos cariñosamente, podrá llenar el vacío que deje en las mentes de sus estudiantes. Y mucho más en la sed de conocimiento que el saciaba gustosamente.
Talvez una de las pérdidas que duelen más en este país, es la muerte de intelectuales, de esas mentes brillantes que no se repiten tan fácilmente. Y que de alguna manera no dejan de seguir enseñando con su ejemplo y su legado. Lo que más aprendí de Juan Carlos, fue su respeto por la cátedra y su responsabilidad. Además de su sencillez y habilidad para sintetizar su inteligencia. Un catedrático que se ganaba a pulso, desde el primer momento, el respeto de los estudiantes.
Juan Carlos, era más allá de un catedrático, era un amigo. Que trataba de explicar la sociedad a sus estudiantes, pero ahora esa misma sociedad le quita la vida, de la peor manera. En su funeral, sentí la pérdida irreparable de su ser. Pero sé que ha dejado huella, una huella profunda e imborrable dentro de cada uno de nosotros.
Sólo queda honrar su memoria con las importantes enseñanzas que dejó. Y seguir su ejemplo como bastión guía en la vida. Que descanse en paz nuestro amigo y catedrático: Juan Carlos Fernández García.
Ángel Elías.

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