Los estudiantes normalistas salen a manifestar y tapar carreteras. Eso molesta a los conductores que les gritan que son unos haraganes. Los estudiantes se molestan más y no se quitan. Los conductores empiezan a bocinar y todo se vuelve un caos. Ya nadie entiende razones del otro. Pero el meollo del asunto no es eso. Ni que los estudiantes no quieran estudiar o que los conductores se molesten porque no llegarán a su cita. Es más profundo que eso. Por un lado las autoridades gubernamentales y educativas no han querido prestar atención a las peticiones de los estudiantes. Este diálogo de sordos se ha vuelto un descalabre para ambas partes. Es que el sistema educativo propuesto por el Ministerio de Educación es inviable para quienes debería funcionar. Se propone un sistema centralizado de educación que hace 10 años se venía superando con la implementación de las escuelas normales en los distintos departamentos que promovía generaciones de maestros. Descentralización, como se cono...