
Pero el meollo del asunto no es eso. Ni que los estudiantes
no quieran estudiar o que los conductores se molesten porque no llegarán a su
cita. Es más profundo que eso. Por un lado las autoridades gubernamentales y
educativas no han querido prestar atención a las peticiones de los estudiantes.
Este diálogo de sordos se ha vuelto un descalabre para ambas partes.
Es que el sistema educativo propuesto por el Ministerio de
Educación es inviable para quienes debería funcionar. Se propone un sistema
centralizado de educación que hace 10 años se venía superando con la
implementación de las escuelas normales en los distintos departamentos que
promovía generaciones de maestros. Descentralización, como se conoce.
Ahora la propuesta gubernamental radica en educar maestros
en sedes universitarias. Pero eso va en contra de toda lógica para desarrollar
a las comunidades rurales del país que habían encontrado en las escuelas
normales un excelente eje de progreso. En todo el país no hay universidades
suficientes como para brindar educación gratuita a quienes quieran salir
adelante. Pero la educación normalista sí lograba con sus las más de 20
escuelas normales diseminadas en el país.
El gobierno simplemente no quiere invertir en educación,
menos en quienes viven en áreas rurales. Les veta del derecho de a la misma. No
es lo mismo ser maestro que bachiller en un área rural. Las familias pobres
rurales hacen enormes esfuerzos por ver
a su primera generación, sus hijos, graduados de maestros en una escuela normal.
Pero, no se le pude pedir que dimensione esa importancia a
gobernantes que nunca han carecido de algo tan básico como la educación.
Las peticiones de los normalistas son básicos, acceso a la
educación para todos. Tanto para los capitalinos como quienes viven en los
departamentos.
El gobierno actual quitó de un plumazo el enfoque
multicultural y bilingüe de las escuelas normales. Simplemente porque no lo
cree necesario. No cree necesario educar en el idioma materno y con la
cosmovisión de los pueblos originarios. ¿Huele a racismo? Del profundo y
doloroso.
Los estudiantes normalistas exigen respeto a gritos. Y el
gobierno solo les da la espalda. Los normalistas exigen calidad educativa y
acceso a las personas de escasos recursos a una educación de gratuita y de
calidad.
En aldeas de Chimaltenango, de Quiché, de Huehuetenango
familias han cambiado su vida al momento de que un hijo o hija se gradúa de
maestro. De ahora en adelante, esa oportunidad de desarrollo profesional, este
gobierno se los quita.
Hay que establecer que un proceso de descentralización
educativa, estaba encaminada a desarrollar comunidades, que no habían tenido
esa oportunidad. Ahora la reforma educativa vuelve la educación un elemento
excluyente, exclusivista e imposible de alcanzar para millones de personas que
habitan este país mayoritariamente pobre, pero que es gobernado como si no
existieran. Simplemente, porque no les importa.
Ángel Elías
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