Esta noche me dio por escuchar a Chopin, como esa amalgama de sonidos que casi no deja respirar. Es denso y profundo, como para ir escuchándolo en una carretera, mientras se desvanece el tiempo. Así somos los seres humanos, estamos hechos de hebras de sentimientos que florecen con cualquier impulso. Esos son lo recuerdos, las damas que nos dan un beso tras el velo de una noche cargada de emociones, nos toman de la mano, nos seducen y luego se devuelven a la oscuridad de la noche. A veces los recuerdos nos traicionan, generalmente mis recuerdos tienen otras dimensiones y suelo exagerarlos, porque a lo mejor en la vida real no fueron tan fantásticos como los describo, hasta los malos recuerdos agrando, dándoles el poder de acabar con la poca armonía que puede uno tener. Parezco con estas líneas un viejo trágico, pero no es la intención, simplemente así funciona mi mente. Todo lo que recordamos es lo que nos importa, desde nuestra primera caída, nuestros raspones ...