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Las copas de los árboles nos marean.


Hace ya algunos meses platiqué con Raúl, un amigo. Y de la charla salió la visión que tiene él del guatemalteco común. (De ese que camina diariamente por las calles y persigue camionetas)

Resulta que en lo mejor de la plática comentó lo siguiente cuando le pregunté su perspectiva sobre nosotros. Entrecierra los párpados y se me queda, por unos instantes, viéndome con cara de compasión. Emite un respiro como el que va a ejecutar irremediablemente a su víctima y comienza diciendo más o menos esto: Veo al guatemalteco como aquellos seres que viven bajo la tierra siempre. Que odia la luz y la libertad, que se mantiene entre las raíces del bosque, como los gusanos, siempre revolcándose en ellos mismos. Odia las copas de los árboles y prefiere la tierra a volar libre, prefiere arrastrarse entre todos los matorrales. En pocas palabras es un ser subterráneo, que detesta la luz.

Esa definición por mucho tiempo me quedó dando vueltas por la cabeza, pensando si era cierto. Que si la visión de mi amigo, era real, o solo una visión parcial de nosotros.

La respuesta me llegó en estos días. Resulta, en este mes de septiembre, celebran las fiestas de independencia. Una tradición por demás tonta.

Pues bien, creo que la definición de mi amigo era acertada, pero no desde le punto de vista, que lo había entendido. Vivimos en la época de las tinieblas y subdesarrollo total.

Durante la celebración previa a la independencia gentes de todas las edades salen de sus casas para traer corriendo la antorcha de las fiestas. Actividad vacía y sin sentido.

Pero a su regreso, toda la gente les hecha agua. Sí, todos les echan agua fría mientras pasan corriendo. ¿tonto? En parte. Yo lo creería perverso. Debe existir una dosis fuerte de maldad en la acción de arrojarle agua a otro ser humano que ningún daño está haciendo.

Un país que se arrodilla ante la violencia, el ciudadano común abona una cuota más. Este guatemalteco sufrido, angustiado y sumiso, en ese día 14 cambia de semblante. Llena sus bolsas de agua, y se apuesta a esperar que los corredores pasen. Sus ojos se llenan de júbilo cuando en la distancia los ve. Prepara sus proyectiles llenos de resentimiento social y cuando están justamente frente a él, se los arroja con la mayor saña posible, luego ríe inconteniblemente. Creyendo justificado su acto.

Pero, eso no es todo, al que le tiran agua, le gusta. Eso sí ya es el colmo. La víctima se siente realizada con el hecho de ser bañado en agua sucia. Creen que de alguna manera le hacen algún tipo de favor. Y que el resultado de una largo recorrido debe culminar con un baño de agua fría por unos perfectos desconocidos. Es allí donde el guatemalteco, saca sus años de represión a flote, uno siendo el victimario y el otro la víctima. Y el que recibe deja entrever su cultura masoquista. Entonces pienso que debemos tener algún trabe psicológico. Creo que ya padecemos algún tipo de enfermedad mental. La gente debe estar enferma, una por arrojar agua con saña y la otra por recibirla con benevolencia. En este paraíso para los sádicos.

Es cierto, no dejamos de ser tribu, o talvez ya lo dejamos de ser sin que nos demos cuenta. Porque nuestros problemas mentales ya son complejos y profundos.

Entonces mi amigo tenía razón, no queremos salir del subdesarrollo, si subirnos a la copa de los árboles a respirar aire puro. No queremos ver más allá de la nariz chata del tercermundismo. Sólo revolcarnos en lo que siempre nos atasca. Por ello, estamos condenados a nunca subir a la punta de los árboles.

Angel Elías

Comentarios

Goathemala dijo…
¿Es cierto eso del agua o es una bella metáfora? Aquí en España en algunos pueblos la gente se arroja agua en conmemoración del día en que tuvieron red de agua sanitaria. Ya ves la tontería...

Los guatemaltecos lo que sí son es muy conformistas con su opresiva realidad, especialmente con la violencia. Se aplica muchas veces la presunción de culpabilidad, "algo habrán hecho para que les pasara eso".

En realidad toda la humanidad es una tribu de estúpidas "cañas pensantes" como diría Pascal.
Goathemala dijo…
Puedes buscar por algún P2P tipo Emule, que la encontrarás fácil. Su cd se llama "Pa fuera telarañas" y su web:
http://www.labebebellota.com/

Hazme saber si no puedes conseguirlo.
angel elias dijo…
Lo del Agua no es una metafora, es una cruda realialidad. golpeante, pero cierta.
Hermelindo Gómez Maldonado dijo…
¿Quién dice que subirse a la copa de los árboles es mejor que quedarse sentado junto al tallo?, ¿qué es desarrollo y subdesarrollo? y ¿quiénes definen esos parámetros? Creo que hay un verdadero problema en culparle a la víctima de lo que le sucede. Es más, existe toda una perspectiva individualista sobre el treparse los árboles, subir a la copa y gozar de la libertad, sin cuestionarse si realmente existen árboles para que la gente pueda trepar, o quizá sean árboles con espinas. Creo que se debe explorar otras explicaciones más fundadas y no partir de supuestos como el que dice "Debe existir una dosis fuerte de maldad en la acción de arrojarle agua a otro ser humano que ningún daño está haciendo" y a partir de dicho supuesto se sacan conclusiones antojadizas, sin cerciorarse de las motivaciones que impulsan a los mortales a arrojar agua al otro. Es cierto que Guatemala sucumbe ante la violencia, pero eso no justifica interpretaciones apresuradas sobre otros fenómenos.
Saludos desde el Ixcán
Anónimo dijo…
Hermelindo: No existe un problema en quedarse en el tallo y no subir a los árboles, es una decision individual. Tan individual como subirlos. El propblema radica en pensar o suponer los problemas que se nos vendrán si lo hacemos. ¿Qué nos impide hacerlo? El guatemalteco encierra un tipo de maldad reprimida al arrojar agua a otro. En qué sociedad civilizada se hace eso?
No hay apresuraciónes en el texto. Creo firmemente que los guatemaltecos tienemos algun tipo de problema mental que nos impide diferenciar lo malévolo de lo correcto.
ES más vemos lo malo como completamente normal y hasta lo justificamos. Este blog es denunciante, tan denunciante que no se detiene a explicar algo injustificable. Pero lo más importante trata de develarnos tanto engaño social al que nos sometemos. Si lo logro pues, con tu comentario me doy cuenta que de alguna manera sí.Angel elias

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