Fue la última vez que me subí al metro. Dos agentes me detuvieron cuando salí del vagón antes de que pudiera salir a la calle. Me tomaron del brazo, me pidieron papeles. Todos me observaban con indignación como si les estuviera robando, como si fuera una criminal. Paré dentro de la patrulla de migración. Temó que mi hija ya no pueda seguir en la escuela. La dejé hace dos años al cuidado de mi madre. Son lo único que tengo. Mi maternidad fue hermosa. Hasta que los gastos fueron duros y no teníamos para comer. Tuve que salir a buscar trabajo, pero nadie me aceptaba. Una vecina me dijo que su marido estaba en Nueva York trabajando, que podía ir con él, que un coyote me llevaría segura. Lo dudé por días. Mi hija, mi madre… quería estar con ellas. Pero tampoco deseaba verlas morir de hambre. El viaje fue duro. Nadie espera que lo traten así. Miles de kilómetros de sufrimiento y barbarie. Murieron dos compañeros en el desierto. En algún lugar l...