Noj XI

FALLECIÓ

Por Guillermo Paz Cárcamo


Estamos a punto pero todavía no somos Estado Fallido, dicen muchos con esa esperanza que tiene el humano de querer encontrar vivo al que sabe difunto. Es una actitud comprensible porque, los que niegan lo de fallido dicen: que lo último a perder es la esperanza.

Del procurador Sergio Morales, dice una nota: “se niega también a admitir que esto sea la bancarrota del Estado, pero el lenguaje del cuerpo no lo acompaña cuando con resignación bíblica recuerda: De cada 250.000 delitos sólo 240 investigaciones llegan a juicio” Termina diciendo: “Soy optimista porque no es productivo ser pesimista.

Pero evidentemente no se trata de ser optimista o pesimista. Se trata de ver con alguna objetividad la situación imperante, porque no solo es el colapso de los procesos judiciales, es la insubstancialidad y la corrupción del poder judicial, a todo nivel, lo que lo tiene en ruina. El desastre llegó a ser de tal magnitud que poderes extraterritoriales presionaron el establecimiento de un poder judicial extraterritorial, llamado CICIG, para tratar de reflotar el barco hundido.

Castresana, famosísimo abogado español que inició las diligencias del caso Pinochet, fue designado por la ONU al frente de la CICIG. Luego de un año de trabajo, Castresana, ufano, presentó al Ministerio Público un caso paradigmático, donde según él, como con Pinochet, comenzaría el rescate del poder judicial: pide, con pruebas, cárcel para el exfiscal Matus por delitos gravísimos. Pero el Fiscalito General le dice a Castresana que sí, pero que no hay las pruebas suficientes para ponerlo en la cárcel. Castresana se indigna, apela hasta la corte celestial, incluyendo la ONU, pero Matus siguió libre. Entonces Castresana da otras pruebas y el fiscalito le dice que siempre sí, pero que no y Matus sigue libre. Hoy Castresana calla y pareciera que el plomo de la impunidad, lo está escorando.

A seis cuadras del Palacio Nacional, está el barrio el Gallito, con miles de habitantes. En este barrio, el narcoestado es el Estado, de manera que la PNC, tácitamente, ejerce jurisdicción de la Av. Elena hacia el oriente y los narcos de ahí al poniente. Lo mismo sucede en amplios territorios del Oriente -donde el narcoestado no permite maras- el Norte y zonas fronterizas con México. En estos territorios muchas de las funciones del Estado las ejerce el narcoestado.

Cuando uno sabe que hay alrededor de cien mil policías sirviendo en más de 150 agencias privadas, más del doble de la PNC y Ejército juntos, cae en la cuenta que esa función básica del Estado está aniquilada. Por ese desatino, la seguridad le cuesta al país el 7.3% del PIB, unos $ 4,500 millones. Esto explica la alegadera de los altos costos del empresariado y de paso, la de los salarios de hambre que imponen.

¿Y la honorable banca? Pues la exfuncionaria de esa misma banca, ahora Presidenta del Banco de Guatemala, (BG) ante el pedido de un respaldo financiero para no restringir el crédito, la doña, sin más, les da cuatro mil millones de quetzales. Entonces la honorable banca viene y los deposita en el mismo BG ganando el 7% de intereses. Cuando le preguntan a la doña Presidenta sobre esa barbaridad, dice imperturbable: que como es banca privada no puede intervenir. Este es uno de los casos donde se desnuda como banca mafiosa, la honorable banca.

Así se puede seguir mostrando agujeros negros en todo el aparato del Estado, y en la misma sociedad, de manera que objetivamente es imposible dejar de reconocer que vivimos en un Estado Fallido: esto puede explicar el rechazo, diplomático, de Fidel a la fallida Orden del Quetzal.

El problema de no reconocer la situación, es que se insiste en cuadrar lo que está descuartizado. Durante décadas este Estado Oligárquico ha demostrado una y otra vez que no tiene respuesta a las necesidades de la población. Prueba del descalabro son también los golpes de Estado, los cambios de las constituciones, el conflicto armado, los acuerdos de paz, los intentos de reforma a la constitución actuales, la CIGIG, los cerrojos estructurales, etc.

El Estado oligárquico lleva 50 años de remiendos, vendajes, brebajes y cirugías. Falleció. Es un difunto insepulto que hay que enterrar; si se quiere con honores; pero hay que enterrarlo para poder ocuparse de crear un nuevo Estado, descentralizado, social-democrático, autonómico y sin cerrojos estructurales.

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