Guatemala parece que es el país de las prohibiciones y de las legislaciones absurdas. Y no lo digo solo por motociclistas que ahora tendrán que andar con chalecos brillantes. Lo digo porque nuestra sociedad es prohibitiva. Y parece que es la única forma en la que podemos vivir contentos. Nos privamos de la libertad de vivir.
De alguna manera nos hecho expertos para enclaustrarnos y prohibirnos. Lo tenemos prohibido casi todo. Desde nuestra sexualidad hasta hablar con nuestros padres. Eso sin mencionar la cantidad de leyes hechas para nada. Y no con ello digo que nuestra legislación es obsoleta, pero casi. Tenemos en mente que mientras prohibamos, haremos que las cosas no sucedan. Pero no es así de sencillo. Aquí el problema no son las leyes si no la impunidad con las que se infringen. Cuando no podemos evitar que las personas orinen en la calle, no podernos evitar que nuestro país se convierta en un narco-estado. Más leyes no es sinónimo de justicia.
En realidad, nuestr...