Para aquella noche ya había despertado sudado. Con la mente agitada y la respiración sin control. La había soñado una vez más. No entendía como después de tantos años la volvía a soñar. Sus labios, su cabello suelto, su olor… su forma tan peculiar de reírse. Desde su separación, jamás la tenía en sueños. Enciende la luz y ve que todo sigue igual, un auto pasa por la ventana que da a la calle y por un momento dibuja la silueta de su limonar en la pared de la casa. Pero nunca la había soñado (que los nuncas se llegan) y ya eran casi hace veinte años. Ya él tenía una casa, una esposa que duerme a su lado, una hija adorable que tiene agujeritos en las mejillas cuando sonríe. ¿La última vez que la vio? En el parque que queda cerca de la casa donde se conocieron. Una casa donde ambos llegaban a recibir clases de cocina. Ambos amaban la cocina. Se conocieron, se rieron, se amaron rápidamente. Pero ¿Por qué la recuerda ahora? ¿Por qué los recuerdos se agolpan cuando duerme junto a su esp...