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Los barriletes han elevado vuelo.


Foto: Guate360


Y claro es el anuncio de una actividad aún más especial. Para los niños, para nosotros, el día de muertos, es de ellos, y el de santos de es de nosotros. Con la abuela el día de los santos en la mañana cortábamos flor de muerto para proteger la casa de los malos espíritus. ¿Cómo una flor protege una casa? ¿Con su delicadeza es capaz de enfrentar el mal que se desata esas fechas? Mi abuela juntaba toda la flor de muerto que podía y hacía cruces con ellas, que las colocaba en la puerta de las habitaciones de la casa. Sortilegio suficiente para detener todo el mal. Colocaba un vaso de agua a los retratos de los muertos en su altar de santos. –Allá donde los Santos –decía para referirse al lugar donde tenía colocada a la virgen de Guadalupe traída de alguna feria, el Cristo Negro de Esquipulas, por supuesto bendito en Esquipulas, a San Antonio, protector de los animales y los amores imposibles, las ánimas en pena, a quienes se les reza por los difuntos. A un lado de aquel altar un sombrero de Esquipulas, lleno de adornos y curiosidades. Por ello a las personas que son llenas de cuentos se les dice que ya parecen sombrero de Esquipulas –Llenos de Babosadas –decía la abuela.


El vaso de agua que se deja esos días se debe tapar porque el espíritu de quienes ya murieron regresan en forma de palomillas y se pueden ahogar en ellos. Entonces el olor a flor de muerto predomina en la casa. Junto a las ramas de ciprés que no faltan tampoco. Según parece las ánimas se encantan con esos olores. Yo para ser sincero también. A lo lejos llega otro olor, los chilacayotes, los jocotes en miel entre otras delicias inundan esa casa antañona donde vivimos todos los primos y los tíos. Entonces la abuela llenaba la casa con marimba, con discos y casetes que en algún lugar consiguió y los pone para ocasiones especiales. El fiambre del uno de noviembre no puede faltar. Un fiambre hecho con leyendas, nadie sabe quién lo inventó, pero todos a la vez creen saberlo. Con todos los primos en la tarde después de almuerzo volábamos los barriletes, en el atrio del calvario. Corríamos las gradas subiendo una a una. Escuchando el sonido del papel de china contra el viento. Entonces el cielo se inundaba de colores, no solo nuestros sino de vecinos cercanos. Los barriletes entonces tomaban su posición en el cielo como sabiendo dónde pertenecían. Decía la abuela que los barriletes eran la conexión entre el cielo y nosotros para las almas. Que el sonido del papel les gustaba, que les atraía y les daba la guía para bajar a la tierra. Entonces nosotros enviábamos telegramas en el barrilete. Consistía en colocar un pedazo de papel en el hilo de ese barrilete y dejarlo que subiera. ¡Juntábamos hasta 15 telegramas y varios conos de hilo! Que hacia ver nuestro barrilete un punto negro en el cielo. Muchas veces nuestro hilo se rompía y el barrilete caía en los bosques cercanos. No fueron pocas las veces que salíamos aventurados a buscarlo. Esto sin suerte alguna. Al final de la tarde regresábamos un poco enojados por perder nuestro barrilete “preferido” al siguiente día gracias al regalo de algún tío teníamos otro barrilete favorito.


El día de muertos llegábamos al cementerio, esto porque había menos gente. Sobre las tumbas había coronas de colores hechas con papel. Ofrendas de para los muertos, comida, uno que otro atol con mosquitos encima. Nosotros llegábamos a dejarle flores al abuelo muerto. A él nunca lo conocí, pero lo quise como tal. Junto a su tumba había un estanque en forma de corazón que siempre estaba vacío. Jugaba al equilibrio en sus orillas, mientras todos rezaban. Lágrimas y algunas sonrisas en el cementerio, son los días de muertos. Al volver, al despedirse una vez más de abuelo en su tumba, que lucía distinta más colorida, más llena de vida con flores y adornos, todos mis parientes decían hasta el otro año. Yo decía: Hasta la eternidad


Ángel Elías

Comentarios

Engler dijo…
Que buen relato! Me da envidia, doble envidia!!!

Después de un par de decenas de años intenté hacer un barrilete con unos amigos, es curioso como estas cosas les interesan mas a los extranjeros que a nosotros mismos, o por lo menos a los capitalinos amodorrados... Jamás voló pero me lo imagino a la par de esos que vos contás!

Saludos!
Angel Elías dijo…
Nunca es tarde para volar un barrilete... aunque en la capital no sé? Creo que hay que pedirle permiso al señor alcalde. Su majestad...

Nunca es tarde master... nunca es tarde...
Quincho barrilete dijo…
pos yo hice uno y no solo si que me funciono, sino que se fue volando solito, sin mi. :( A saber hasta donde cayó. Nomás me dejo el nombre.
Angel Elías dijo…
Quincho: el nombre te lo dejo y en todo caso te queda muy bien,

quincho barrilete
los vuela cuando
esta bien cuete

jejejej
saludos
Anónimo dijo…
en cambio yo, de niña intente hacer un barrilete que nunca voló...jajjaja...al menos me divertí...
Angel Elías dijo…
Anonimo(a): con ello podemos decir que tuviste una infancia prometedora. tu barrilete probablemente no volo, pero en cambio tus sueños, han llegado muy lejos.

un abrazo
Anónimo dijo…
Supongo que todavía le seguis enviando recados a tu abuelo, que no viste, pero conociste.
Angel Elías dijo…
anonimo, siempre envio mensajes a mis abuelos. a veces hasta responden

gracias por visitar.

un abrazo

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