Por alguna extraña razón de unos días para acá me he sentido ligeramente triste y decepcionado. ¿Si tengo razón para estarlo? Aparentemente no. Sin embargo estoy apagado. Esto porque en mi vida están pasando cosas que trastocan mi modo de vida. Y ahora no tengo idea de cómo terminará el año. Y lo más fatídico, terminará sin que yo lo quiera. Porque después nada será igual.
Hace algunos años, soñé con este momento. Pero a medida que se acerca no lo quiero tener. Porque me di cuenta que el cielo es mucho más allá de lo que te muestran las nubes. Y que se puede llegar hasta allá.
Sucede que cambio de trabajo de aquí en adelante. Y no es que me disguste el trabajo del todo. Pero entro a un sistema que siempre critiqué, y que ahora, que me sumerjo en él, empiezo a cuestionarlo más. Pero el cambio se debe a motivos de “superación personal” porque en este país, del arte no se vive. Y la cultura a muy pocos puede darles de comer muy dignamente.
Yo sobreviví, algunos años de trabajos en el mundo cultural que me llevaron satisfactores mucho mayores que el dinero. Conocí mentes brillantes de la cultura guatemalteca y extrajera. El arte me dio la oportunidad de viajar, de conocer otras latitudes. Sin embargo ahora ya no puedo darme esos lujos. En este país se debe ser cualquier cosa, menos artista. Es una especie de pecado mortal.
Luego, el trabajo que realizaré, que por cierto es mi primera profesión, paradójicamente sí me remunerará. Aunque deseo consolarme pensando que será un paso temporal. Siento que una parte de mí agoniza.
Debo ver el lado positivo de las cosas. Y de alguna manera sé que lo tiene. Pero la incertidumbre me consume.
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To: Blue Girl at Stop Bus
Entonces veo a la chica que se sienta junto a mí en el autobús. Ella acaba de subir con su chaqueta azul, sus blue jeans, pelo corto, y un pequeño pendiente en la nariz. Sube y toma asiento con toda la incertidumbre del caso, por cruzar la vista con un perfecto desconocido. La veo detalladamente. En esos momentos deseo que el viaje fuese eterno y que en algún punto de esa eternidad pudiera preguntarle el nombre.
Es claro que, ni el viaje durará un infinito, ni preguntaré su nombre. Solo la veré de reojo, y esperaré un milagro. Sé que los milagros existen, pero hoy no, por ello trato de grabar cada detalle de ella. Desde su azulada personalidad hasta ese pendiente en la nariz. Sé que ella se ha dado cuenta de mi poco prudente exploración. Sé también, que mi osadía no le importa, que también me ve con la misma curiosidad. Estoy tranquilo por desconocer más detalles. Sí supiera que le intereso de verdad, tanto como ella a mí, no me perdonaría el no tomar la iniciativa.
El camino está en su recorrido.
Sé que mi aventura de miradas y de incertidumbres pronto acabará, que ella tomará otro rumbo. La chica azul continuará su camino desconociendo todo lo que en cuatro minutos y treinta y cinco segundos giró a su alrededor.
Todos los segundos antes del ocaso son excitantes, y ambos lo sabemos. Son los instantes más intensos antes devolvernos a la miseria del mundo. Nuestro bus universo detiene su marcha lentamente como queriendo ayudarnos a alargar el tiempo antes de la otra parada, donde presiento, ella bajará. El silencio ha sido un aliado, nos conocimos, pero nunca nos conocimos.
El tiempo con sus cuatro ruedas se ha detenido. La Blue Girl renuncia a nuestro paralelo. Y seguirá el suyo, ajena a este texto que la recrea. Ya fuera de mi imaginario y devuelta una vez más a la realidad. Sube por las gradas al cielo, las que la llevarán al otro lado de la calle.
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¿Sobre política?
Por allí me preguntaron si en el blog hablaré de política. Teniendo en cuenta que se acercan la elecciones en Guatemala. Aún no lo sé. Pero de hacerlo trataría de no ser tan bilioso, como algunos columnistas de prensa.
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Zompopos de Mayo.
Este platillo exquisito, lo comía desde que era muy pequeño, aquí en el pueblo. Mi abuela, los preparaba con esmero. Sin las alitas, las patas y la cabeza, eran dejados toda una noche dentro de jugo de limón. Esto para que después no hicieran mal.
Luego antes del almuerzo el comal de barro se calentaba para dejarlos caer. Allí se dejaban hasta que estuvieran tostaditos. Luego se comían con limón y tortillas de maíz calientes. Es una delicia. Pero tengo algunos años de no probarlos así. Desde que murió la abuela, en casa preparan un año sí y el otro no.
Los zompopos salen a finales de mayo. Aunque aquí no salen los sacan. De madrugada las personas van a las zompoperas llamadas también troneras. Y con la luz de un madero encendido llamado ocote, los sacan.
Los sacan vivos y los van metiendo en costales donde mueren. Esa misma mañana ya los venden en el mercado local, y es una mercancía que nunca regresa a la casa. De allí muchas familias esperan con ansias al zompopo, porque saben que será un ingreso extra.
El precio por libra de este platillo no baja de Q.50, cuota que los compradores no dudan en pagar. Todo por saborear este platillo tan característico de San Martín Jilotepeque. Por ello a San Martín Jilotepeque en Chimaltenango se le llama la Tierra del Zompopo.
¿A qué saben? Pues la verdad, tendrían que probarlos.
Ángel Elías
Comentarios
2. Lástima lo de la chica azul, al rato te la volvés a encontrar.
3. ¿Hablar de política?, yo lo pensaría unas cinco veces, tema trillado y aburrido, donde siempre nos gobernarán los mismos hdp con diferente tacuche.
4. De los zompopos de mayo me abstengo, soy muy lleno de mierdas para comer.
1. Buuuu. lloro no por la vida labora sino porque del arte no se pued vivir del todo. Aunque el tiempo que lo hice sì vivì bien.
2. No creo que a la chica la vuelva a ver. Aunque no pierdo la esperanza
3. No me he decido todavia con respecto a la polìtica. Pero gracias por el comentario.
4. Mmm... Delicioso, vivan los zompopos; aunque aqui serìan mejor muertos.
El trabajo debe ser disfrutado aún cuando sea el peor porque es más aburrido cuando no está. De estar inmóvil, de no enojarnos, cuestionarnos.... de eso que nos libre Dios.