Desde hace ya bastante tiempo que abandoné la religión por convicción. No por rebeldía sino porque creí que era lo mejor. En un mundo tan religioso yo soy algo así como un ente raro al que no le importa condenarse al infierno. Por ello he sido condenado por fundamentalistas cuatro veces al infierno. Eso en realidad no me preocupa, porque creo que ese lugar lleno de azufre e interminables llamas, existe en la imaginación de cada quien.
En este país, los predicadores de la palabra divina se suben al servicio de transporte colectivo a condenar almas. Y en una ocasión fue la mía la que paró en el horno del diablo. Yo creo fielmente en la libertad del individuo. Creo que cada quien tiene el derecho de crear la realidad que lo complazca. En este caso creer en una religión que lo satisfaga. Pero creo completamente errado tratar de imponérselo a los demás, exiliándolos a la cola del diablo. Sucede que uno de estos fundamentalistas se empeñó conmigo, porque tuve la osadía de no prestarle atención. Ciertamente uno también está en el derecho de escucharlos o no, y ellos al subirse a un bus corren el riesgo de no ser escuchados. El error que cometí, me hizo pecador y ganador del infierno. Por no decir que casi me confunden con el mero cachudo.
Tuvo una prédica que duró más de 40 minutos. Donde nos mostró, las desventajas de ir al infierno. De cómo cada segundo se condenan almas, y de las cuentas que entregaremos en el juicio final. A mí me preguntó sobre las cuentas que entregaría si muriera en ese momento.
Los fundamentalistas religiosos se basan en el miedo para capturar adeptos. Se creen dueños de la verdad única y fanática.
Hay una frase de Unamuno, que refleja el rechazo a ese fanatismo: “La fe es la crisis continua de la duda. El que no duda, no cree, depende.” Yo pienso igual que Unamuno. Para conocer el verdadero origen del todo. Hay que dudar, cuestionar, algo que los fanáticos no han logrado alcanzar.
¿Dudar de Dios? ¿Por qué no? Es que acaso no podemos darle ese beneficio, para comprenderlo. Cuando me refiero a Dios, lo hago con el referencial más universal que puedo. Creo en la libertad de cuestionar para llegar a comprender la verdad. Aunque esa búsqueda sea continua.
Desde hace mucho tiempo ha dejado de intimidarme el infierno. Ese infierno descrito por Dante. Donde el alma se consumirá por los siglos eternos. Cosa que los predicadores de buses no comprenden, cuando me condenan al averno que ellos se imaginan.
Es que el infierno, no se encuentra en las profundidades de la tierra, ni en un lugar metafórico. El infierno lo llevan dentro, en ese castigo continuo y permanente al supuestamente evitar llegar a ese sufrimiento descrito a través de los siglos.
Ciertamente este pensamiento de por sí es tormentoso. El castigo eterno por pecados finitos. ¡Vaya ironía! Aunque, no creo fielmente en el castigo al que me condenaron, sí considero que existe un infierno y una gloria. Pero es muy distante a ese lugar de cachos y tridentes que enseñan en la doctrina. Y dudo aún más que se acceda a éste por después de la muerte. Creo que cada uno crea su propio infierno o gloria aquí en la tierra. Como un proceso consecuencial. No como castigo y recompensa. Sino como una derivación de nuestros actos.
En todo caso, también comprendo que cada quién, pude creer en lo que quiera. En lo que se acople mejor a su estilo de vida. 1200 millones de budistas no están condenados por no creer en Cristo. Pero tampoco están engañados, porque es su verdad y es válida.
Creo que al Ser Humano, en esa necesidad de tener la razón pasa sobre ella. Y no termina de comprender que existen miles de salidas, que nos llevan al mismo punto. O en todo caso ejecutar lo que alguna vez dijo un gran pensador: “Amaos unos a los otros como yo os he amado” Actitud que muchas veces no se emplea por no comprender en la diversidad de pensamiento está el verdadero crecimiento.
Ángel Elías
Comentarios
El tiempo pasó y me casé con una maravillosa mujer que es católica practicante, mis 3 hijas han sido bautizadas y han hecho su primera comunión, sin que yo haga ningún esfuerzo, las dos mayores ya no creen, gracias a que se han culturizado diría yo, también estudiaron en colegio católico.
Para agregar a tu último párrafo, "All you need is love", dijeron los genios de Liverpool, o como dijo Facundo Cabral, "Yo soy del culto cristiano, vos sos del culto judío, si yo no te toco tu culto, por qué vos me tocás el mío."