miércoles, junio 22, 2016

El oficio de ser fiscal



Para la fiscal Thelma Aldana estar en el ojo del huracán se le volvió el día a día. 


Luego de filtración de documentos, estos dejaron en evidencia que las investigaciones pueden llegar más profundo de lo que se espera. En pocas palabras Juan Carlos Monzón dijo que gracias a la influencia de la ex vicepresidenta Baldetti consiguió una cita con Aldana para “apachar un clavo”, que resultó ser una investigación que involucraría a la esposa de Monzón.


Claro, no es de extrañar que la banda criminal que organizó el saqueo estatal llamado Partido Patriota tuviera el poder de armar citas en cualquier oficina estatal. Lo que para muchos les extraña es que Aldana aceptara tal cita y que según Monzón, en sus declaraciones, esta ofreciera a un fiscal para ayudarlo (recordemos que la dupla Perez-Baldetti colocó a Aldana, pese a las objeciones y la mejor trayectoria de Paz y Paz).


Acá hay varios clavos por apachar y no necesariamente el de Monzón. Aldana aclaró que Monzón pidió que se detuviera esa investigación contra su esposa y ella le dijo que vería qué se podía hacer. Ella, según sus declaraciones no detuvo ninguna investigación. Apareció otra versión que dice que no la detuvo porque no existía tal investigación y Monzón se estaba asustando con el petate del muerto.


Creo que la fiscal, como cualquier humano pudo cometer algún error, en un sistema tan corrupto como el guatemalteco y es algo con lo que se debe lidiar y no sorprenderse, si terminamos con una fiscal con movimientos extraños. Ahora tiene otro papel, es evidente, pero por bien de la frágil credibilidad del sistema, es conveniente que se vayan aclarando poco a poco sus oscuros pasajes.


Hay una ola de apoyo a la fiscal,  pero creo eso debe ir más allá, se debe empezar a creer en las instituciones, fortalecerlas y encontrar el camino para la construcción de la institucionalidad, se oye utópico, pero así debe ser. Una persona no puede tener la responsabilidad de limpiar este país, pero una institución sólida sí.  


El oficio de ser fiscal en un país tan corrupto es un arma de doble filo, pero es un buen reto como país. Ahora es destapar las ollas que aún se encuentran hirviendo, aunque nos quememos. 

martes, mayo 03, 2016

La identidad



Esa cosa con la que no nacemos, pero necesitamos forjar para sentirnos apegados a algo, para identificarnos. 

No tiene nada de malo buscar la identidad, no tiene en lo absoluto rastro de maldad querer pertenecer, es algo natural, muy humano. Por eso la búsqueda de nuestra identidad comienza desde pequeños, formamos grupos afines para jugar, como parte de nuestro crecimiento y desenvolvimiento en la sociedad.

Todo pertenecemos a un círculo, ya sea este elitista o muy popular, pero como seres sociales deseamos esa pertenencia, ya sea roles tradicionales o de contracultura. Las revoluciones no son golondrinas solitarias en la plaza de los pueblos. No, la identidad tiene mucho que ver con este fenómeno para apegarse. No tiene nada de malo.

En Guatemala el fenómeno de la identidad, al igual que en mucha partes de América Latina, la identidad tiene componentes complicados. El apego hacia algo que nos arraigue a esta tierra, a esta región o este país es un hilo tan delgado que a veces pareciera que no existiera. Sin embargo sí existe, aunque casi invisible es tan fuerte como una telaraña para un una hormiga.

El guatemalteco no se siente español, aunque tenga de manera lejana o cercana sangre ibérica, porque no existe ese lazo más allá del histórico, del que se separó hace casi 200 años. Tampoco se identifica con la identidad indígena porque durante 500 años, esta cultura fue negada e invisibilizada. ¿Entonces? El guatemalteco promedio no tiene productos culturales a los que pueda adherirse. No tienen un sentimiento de pertenencia real.

Haciendo un repaso rápido, y pueda pensarse superfluo, las cosas que nos hacen guatemaltecos, son tan básicas como desmontables. La marimba, un instrumento africano llegado al país gracias a esclavos. Los paisajes, una construcción natural como en cualquier región de Latinoamérica. Los monumentos mayas, creo que es saludar con sombrero ajeno, cuando en pleno siglo XXI, el 70 por ciento de la población maya vive en la pobreza y pobreza extrema en el país.

¿Qué queda? Esa es una excelente pregunta que el simple hecho de hacerla es un gran avance en el país. Creo que queda la construcción de la identidad a través de bases reales de “guatemalidad” que hace de sus habitantes ciudadanos. Reconocer las debilidades históricas del país y construir una nación a través de redes reales para enfrentarse a lo que siempre se oculta en la educación.

¿Conoce la historia del país? ¿Le interesa? Allí comienza el descubrimiento y la construcción de la identidad. Le da un puesto en la sociedad a través del conocimiento del sitio en el que vive y reflexión sobre lo que quiere alcanzar. La identidad de país es un proceso que comienza con uno. Con la reflexión del ser.

Atrévase a construir, a ser “guatemalteco” y reflexione sobre qué país quiere legar y en qué condiciones lo encuentra. Ese es un reto que vale la pena hacer. 

Ángel Elías

lunes, marzo 28, 2016

Mario Payeras y su latitud de la flor y el granizo

La latitud de la flor y el granizo,  del escritor guatemalteco Mario Payeras (Chimaltenango, Guatemala, 1945-1995), es una joya literaria que invita a reflexionar sobre uno de los problemas más graves que enfrenta el planeta, el cambio climático.

Este documento, que fue escrito en la década de 1980, hace un análisis sobre las consecuencias del impacto que el ser humano tiene en la Tierra. “Es urgente, en efecto, parar la obra de la sierra mecánica que en el silencio de la selva hace caer al cedro en flor”, explica el autor.
 
Con una prosa limpia y poética Payeras hace un llamado a cuidar la fauna y flora guatemalteca. Además explica  la influencia de la época industrial en la naturaleza. “Con la imaginación de poeta nos hace amar  Guatemala y con la rigurosidad de un científico explica todos los fenómenos sociales y naturales”, dice el prólogo.
 
El libro no solo es una llamada de alerta.  Sus páginas son un recorrido cultural y ecológico por el país que describe con fluidez y enamoramiento.  “Influido por el campo primaveral terrestre, Guatemala es un país que florece a lo largo del año y donde a la vez graniza. Está situado en el cinturón tropical del planeta —la patria del ser humano—”, escribe Payeras.
 
La obra se divide en tres partes. La geografía del polen, que es una síntesis de la realidad natural de Guatemala. En el segundo capítulo, llamado La pólvora y el vapor, introduce al lector en una explicación para  del medioambiente y su relación con la vida social. La tercera parte, El naranjo nupcial, es una reflexión  sobre la relación de la naturaleza con la sociedad guatemalteca.
 
El libro es un texto ineludible en una época en la que el cambio climático es un aspecto que afecta a los guatemaltecos.
 

domingo, marzo 13, 2016

La legendaria Huelga de dolores



Hace unas semanas una amiga comentaba sobre la picardía y la perspicacia de la huelga de todos los dolores de la Usac, ciertamente me resumí a decir que una serie de chistes absurdos que se basan en vocabularios soez y chusco, no puede catalogarse como humor. 

Y claro, alguna vez la huelga de dolores tuvo su momento de gloria, pero desde hace algunos  años esta se ha perdido en la mayoría de presentaciones; ya que se resume a una serie de chistes de mal gusto, llenos de estereotipos y exageraciones un humor extraño, por no decir mal gusto. Claro, no es así todo, pero pareciera.

La huelga de dolores nació en plena dictadura del presidente Estrada Cabrera, en la que participaron personalidades como Miguel Ángel Asturias y fueron la voz que se alzaban en defensa del pueblo, algo que ahora dudo que suceda.

En la actualidad, esa misión se ha vuelto un desfile que tiene la facultad de fomentar estereotipos y trabas mentales en el guatemalteco. ¿Qué no? ¿Qué, soy un exagerado? ¿Qué, soy un resentido que no pudo entrar a la Usac? Bueno, ese es solo alguna de las taras mentales que tienen algunos participantes de la huelga.

¿Cuál es el chiste de la caminata de la huelga? Muchas veces vestir hombres de mujeres, como si la vestimenta femenina fuera motivo de mofa. En una sociedad como esta, se dedican a fomentan arcaicos pensamientos hacia la mujer, parece que sí, ojo feministas.

La huelga de dolores tiene casi la misma legitimidad que la Usac, en la que los estudiantes organizan encuentros bacanales y barras show en la academia, en la que, al mejor estilo de trogloditas, toman el cuerpo de la mujer como un objeto sexual de entretenimiento. ¿En realidad es un orgullo pertenecer a una organización, entiéndase comité de huela, que organiza este tipo de vergüenzas? Que bueno hay mujeres dentro de estas organizaciones para evitar que pasen estas cosas.

La huelga de dolores se ha convertido en un desfile triste, de mal gusto y que exhibe la incapacidad que ha tenido, desde ya hace algunos años,  de la misma Usac para generar estudiantes con criterio que formen parte de los cambios que la sociedad exige.
No existe un proceso de reflexión sobre el papel del estudiante universitario –dentro de la huelga –sobre  Guatemala entonces carece de un sustento ideológico analítico que haga propuestas. Se queda en lo chabacano y de mal gusto.

Creo que la huelga, si quiere ser una verdadera herramienta de cambio en esta sociedad, debe hacerse miles de preguntas y resolverlas, la primera de ella es saber si está realmente haciendo bien las cosas.

La Usac puede ser un excelente agente de cambio para una sociedad que quiere ser diferente, pero con actitudes tan deplorables, como muchas de las que  tienen los huelgueros, dudo que avancen hacia buen camino.

Ángel Elías

martes, marzo 08, 2016

Sabina en carretera



Yo no quiero domingos por la tarde;
Yo no quiero columpio en el jardín;
Lo que yo quiero, corazón cobarde,
Es que mueras por mí. 
(Contigo, Joaquín Sabina)



Aquella noche escuchamos a Joaquín Sabina y lo cantamos en el carro mientras la lluvia nos cobijaba en la carretera, era de noche, siempre es de noche para nuestros mejores recuerdos. ¿De dónde volvíamos?  Un poco más allá de los sueños. 


Horas antes nos detuvimos por comer mazorcas, para cuidar canciones, para correr en el camino de piedra y sol. Fuimos hasta donde quisiste, hasta donde nuestras ganas de vivir nos llevaron, allí donde quisimos conciliar la expectativa de nuestras vidas. Todo puede pasar en una tarde que termina con un té tibio en tu casa.


Es cierto el regreso fue una aventura, lluvia, niebla y un poco de ganas para detenernos a mitad del camino para oler la tierra húmeda. ¿Recuerdas qué platicamos en el camino? ¿Recuerdas aquella discusión que -para bien- terminó en un beso de buenas noches? Fuimos tan contradictoriamente espontáneos.


Pero las cosas malas, las que nos encontraron en el camino, nos llenó de coloquios para tratar de explicarnos las encrucijadas de la vida. “Yo no quiero saber por qué lo hiciste/ Yo no quiero contigo ni sin ti”, parecía volverse una especie de himno que nos devolvía los buenos días.


A lo largo de aquella noche, mientras manejaba de regreso a la ciudad de miles de ojos brillantes, mientras cruzábamos el umbral de lo fantástico, mientras dormías recostada en el sillón que estrenaste con una mancha de jugo de papaya, recordaba que no podía haber algo más maravilloso que cobijarte los sueños, que arrullarte la conciencia, de devolverte un poco cansada y un poco más feliz.


Entonces me vino a la memoria, como lienzo recién descubierto, aquella imagen en la que estábamos frente al espejo y cerrabas lo ojos cuando yo me perdía para oler tu cabello. “Porque el amor cuando no muere mata/ Porque amores que matan nunca mueren”, aún suena en carretera.

Ángel Elías

lunes, febrero 15, 2016

La carta



“Si tuviéramos que envolvernos en polvo de estrellas te aseguro que nada malo nos pasaría porque las estrellas brillan en la oscuridad más absoluta y tú querida mía, iluminas cada resquicio de mi existencia”, claro eso le escribí en aquella carta que no tuve el valor de entregarle por timidez. Ahora, a los años, te veo como quien ve a una enamorada por primera vez y recuerdo el sentido exacto de cada una de las palabras escritas, en aquella carta que luego de algunos años te entregaré.