domingo, febrero 07, 2010

¿Qué es la violencia en este país?

domingo, febrero 07, 2010

Foto: Botero

El pan de cada día. Somos una sociedad muy violenta. Y a la vez reprimida. Que con la menor incitación explotamos. Somos consecuencia de pensar que las cosas se arreglan a golpes. Porque así fuimos educados, con la cultura de la violencia en la familia, en las aulas y no del diálogo. Por eso nos cuesta comunicarnos.

Y luego demostramos nuestra cultura de violencia en todos lados. Principalmente cuando estamos en grupo. La sociedad guatemalteca se reprime hasta que se forma parte de la masa. Por ello hay incidentes en estadios deportivos, en lugares públicos. Recientemente ocurrió un incidente, golpearon a un delincuente en una universidad privada, guiada por jesuitas. Pero acá en este país no es raro toparnos con fenómenos de esa naturaleza.

La violencia en este país impresiona desde todos los ángulos. Y son patrones que se repiten constantemente. Este país es habitado por gente violenta. Sin importar su nivel social. Muchas veces estigmatizada así. Vemos que desde universidades privadas hasta comunidades marginales y rurales el fenómeno siempre se repite.

Eso nos indica algo evidente. Todos bebemos de la misma fuente. ¿Qué nos hace tan violentos? La inseguridad y la incertidumbre a los poderes estatales son unas de las principales razones por las cuales demostramos nuestra frustración. Porque llegamos a ser una sociedad frustrada, llena de resentimientos y que no logra sanar. De allí en adelante las cosas no caminan bien. Luego nos damos cuenta que nada funciona y que todo es una gran trampa. Eso provoca un sentimiento de impotencia dentro del guatemalteco. Si me roban un celular… con violencia… la reacción debe ser violenta.

Tanto, estudiantes de universidad como campesinos del altiplano beben la misma frustración. Y tratan de enviar un mensaje claro. No confiamos. Luego vienen los linchamientos, las vapuleadas. Como un comportamiento social aceptado. Se lo merecía ese ladrón.

El problema radica en que poco a poco vemos con naturalidad a la violencia como un analgésico a la misma violencia. Preferimos agredir antes de ser agredido. Y usamos cualquier motivo para justificar esa agresión.

En Guatemala la violencia tiene que ver mucho con el sistema educativo, que no es nada participativo y hasta dictatorial. Es un sistema que reprime. Y tal como un volcán explota. Y es que se educa a golpes. Con autoritarismo.

Luego se pide que se actúe de la misma manera en todo. Hasta en el gobierno. Por ello muchos piden destacamentos militares en lugares rojos. Uno por la ineptitud del sistema de justicia y seguridad en este país y por otro se recuerda la severidad del ejército en la guerra. Por ello comunidades que fueron golpeadas por la guerra, ahora piden al ejército. En su memoria tienen fresca la forma violenta y severidad del trato hacia sus comunidades. Y esperan que en este tiempo de paz, actúen con la misma drasticidad con la delincuencia con la que fueron perseguidos años atrás.

El guatemalteco piensa que las cosas aquí se arreglan a trancazos, ¿Qué, no? pregúntele a cualquiera…

Ángel Elías

sábado, enero 30, 2010

Los Círculos de Lectura.

sábado, enero 30, 2010
Los círculos de lectura son esa parte medular de los libros. ¿Quiénes somos nosotros sino ese origen extraño de la lectura? En Guatemala la lectura siempre se ha visto como un castigo, como ese forma en la que se tortura. El libro entonces es ese verdugo más cruel para todo ser humano. Su imagen ha sido lacerada a través del tiempo. ¿Por qué? Ciertamente no encontramos razón aparente para justificar un acto tan infame. Se le puede preguntar a cualquiera ¿Qué piensa de los libros? Y la reacción es inmediata… un gesto de desconcierto. Y un cúmulo de recuerdos de le agolpan en la mente, malos muchas veces.

Por otro lado están aquellos que tienen recuerdos muy nobles de los libros, quienes han sido rescatados de las fauces del desasosiego en un libro. Quienes han explorado lugares inimaginables. Quienes han recorrido calles con Joyce, los que han develado misterios de la mano de Dostoievski, recorrido algún lugar de la mancha con Cervantes, o cuestionarse el ser con Shakespeare. Tal vez conocer sobre el altiplano guatemalteco con Monteforte Toledo o las costumbres chiapanecas con Carlos Navarrete. De lo contrario en los libros hemos sido regocijados con poemas, hemos leído, hemos recitado, apropiado o plagiado. Porque la literatura es universal, propiedad muchas veces del que se identifica con él. Los libros tienen esa facultad de ser los más fieles acompañantes, de matar la fatiga y la ignorancia. Tiene la habilidad de hacernos mejores personas.

En el libro encontramos todo lo que buscamos, en forma de cuentos, de fábulas, de poemas, novelas… en fin las respuestas están presentes en todo momento, cuando las necesitamos. Los libros terminan siendo un gran terapeuta. ¿Pero por qué les huimos en algún momento de nuestra vida? Por esa necesidad de seguir sumergidos en la caverna que alguna vez nos habló Platón. Entonces los libros pueden ser el arma que termine mostrándonos la realidad. Algo peligroso cuando todo está cubierto por el manto del oscurantismo. En los libros reside una verdad codificada. Por ello lo primero que se quema durante una invasión es todo lo que se encuentra escrito. Delatores de la verdad.

Pero acá en este lugar, en la Comunidad de Lectores de Guatemala no quemamos libros. De esa manera nosotros disfrutamos de los libros y por supuesto compartiéndolo con todos los lectores. Nuestra misión es llevar el hábito de la lectura y aprender a disfrutarlo en compañía. Se dice muchas veces que la lectura es un asunto de soledad y en efecto puede ser, pero más placentero puede volverse cuando se comparte con mas personas.

A lo largo de un año que tiene funcionando el círculo de lectores hemos tenido experiencias de lo más placenteras, conocido personas que se apasionan por tan bello hábito. Que de alguna manera han hecho de su vida en los libros. Hemos dado la mano a países tan lejanos como España gracias a la tecnología. Ahora en 2010 esperamos todo, esperamos que la lectura apasione a más gente, que la lectura sea ese hábito que nos hará libres

Espero nos acompañe, en la Casa de la Cultura Flavio Herrera. Calle Mariscal 7-46 Zona 11
Ciudad de Guatemala. Por ello todos @ leer.

Más información en www.letrasypoetas.blogspot.com

Ángel Elías

sábado, enero 23, 2010

Después, todo fue incertidumbre

sábado, enero 23, 2010

Esa mañana, todo era normal, desde las noticias matutinas, hasta el periodiquero que vendía las noticas del día pasado en pantaloneta y que gritaba desde su bicicleta y que únicamente tenía los frenos de atrás. Su esposo no estaba, muy probablemente en el puerto esperando que la marea estuviera lista para zarpar y regresar a la tarde con algunas libras de pescado. Los niños desde temprano habían salido en una carreta que les dejó su abuela para ir por el pan. Margoth, era una mujer de raza negra, con el cabello rizo y siempre andaba trabajando. Hace algunos años conoció a Matew, en el mercado. El vendía pescado y ella compraba unas verduras. Al poco tiempo de salir se casaron. Ambos tenían la piel oscura, pero su amor era muy transparente. De allí nació Julie y Marie. Sus dos hijas. La pobreza en la que estaban no permitía que sus hijas estudiaran. Entonces se dedicaban a traer pan y vender pescado.

Margoth esa mañana estaba un poco inquieta. Pero todo parecía normal. Ruido del mercado que se encontraba cerca. Las sirenas de ambulancia y patrullas, en el barrio cercano. Sus hijas jugando en la calle y su esposo con un retorno al atardecer. Como todos los días, entraría le daría un beso, tomando una cerveza se pondría a ver televisión.

Esa tarde sus hijos jugaban en la calle. Y su esposo regresaría un poco más temprano, le dijo. Que le regalaría algo por su cumpleaños. Eran sus 30 años. Nunca presintió lo que sucedía. Luego de un momento a otro todo se quedó silencioso, y un rumor se escuchaba en la distancia. Como el motor de una lancha. En unos segundos el sonido se hizo muy intenso. La tierra se estremeció, las cosas en su casa empezaron a caer. La tierra comenzó su danza mortal. Pensó en sus hijas. ¿El fin del mundo? Casi. Corriendo intenta salir a la calle a buscar a sus dos hijas. Dos niñas con trenzas en el pelo y de ojos vivaces. Llega a la puerta de su casa, ve a sus hijas correr a refugiarse con ella. La tierra no deja de moverse, se estremece como un pez fuera del agua. La calle se llena de polvo, pierde de vista a sus hijas. Algo golpea su cabeza y luego… todo se vuelve negro.

Un terremoto azota la República de Haití en el Caribe Latinoamericano.-

Al despertar, tres días después Margoth no sabe dónde está. Por un momento piensa que ha muerto. Alrededor de ella, mucha gente que se queja en unas camas, otros en el suelo. A algunos les hace falta una parte del cuerpo, otros ya han dejado de quejarse, han muerto y nadie se da cuenta. Algunas enfermeras pasan corriendo sin prestarle atención. Ella sigue aturdida. ¿Dónde está? ¿Dónde están sus hijas? Trata de incorporarse, pero sigue mareada. Como puede logra levantarse. Una enfermera se da cuenta. Le pregunta si se siente bien. Ella responde que sí. Le dicen que su cama ha de ocuparse con heridos más graves. Que se puede ir. ¿A dónde? Se pregunta. Al salir de aquel lugar ve toda la destrucción, no reconoce nada. Sigue sin saber qué sucede. ¿Aun se encuentra en su país? Pregunta a alguien dónde esta. En el infierno, le responden. No le cree. Toda la gente esta como perdida, no tiene la vista llena de vida, no tienen vida. Observa a algunas personas ayudan a sacar más gente de los escombros. Ve como sacan cadáveres. Y los apilan en lo que se suponen son calles y son picoteados por zopilotes. Este ya no es el lugar donde creció alguna vez. Esto ya no es nada. Margoth debe buscar a sus hijas y su esposo en esa ciudad de escombros. De no encontrarlos. No le cabrá la menor duda. Ha muerto y este debe ser el infierno.

Ángel Elías

sábado, enero 16, 2010

Un final...

sábado, enero 16, 2010
Foto. elPeridico

Siempre los finales se dan cuando nosotros damos por terminado algo. El fin de un año. El fin de una relación, el fin de los tiempos. Tenemos que tener un final, para comenzar algo nuevo. Puede haber finales felices, finales tristes, finales que no son finales. ¿Cuál es el final? Todo es un final constante.

Pero no todos estamos conformes con los finales, porque no satisfacen lo que somos… muy pocas veces todos sabemos cuando termina todo. La muerte, es aquella dama que llega a decirnos, -es hora. Y en esto poco podemos hacer, un fin que no queremos. Otras veces los finales no son convincentes, pensamos que todo es simplemente una jugarreta para alarga nuestra expectativa. El fin está presente sin que lo queramos. ¿Cuál es el fin?

Recientemente el Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala (CICIG) que se encargó de un caso controversial como lo fue el caso Rosemberg, declaró que las conclusiones de su investigación fueron que el abogado se suicidó, que contrató sus propios sicarios. Esto motivado por la relación sentimental con Marjorie Musa, asesinada meses antes. Un final en la investigación. De ser esto cierto, tenemos varias cosas que analizar. En Guatemala se contratan sicarios como pedir pizza a domicilio. Que las cosas en Guatemala se arreglan a balazos. Que este país es un país de bárbaros. Que en este país todo es una gran mentira, que aquellos que manifestaron a favor de Rosemberg asegurando la participación del gobierno fueron, otra vez, utilizados. Porque en este país utilizan a las personas como bienes y engañan para beneficios personales. Entones esta sociedad catalogada como una sociedad apática, al sentirse otra vez utiliza se vuelve más incólume.

Las declaraciones de la CICIG dicen que participaron familiares de Rosemberg dentro de su asesinato. Y de allí parte una sola cosa: que la burguesía guatemalteca contrata sicarios y que saben cómo hacerlo. Vemos que esa parte social, no es tan mansa como se aparenta. Pero realmente este caso deja muchas dudas. Expectaciones al aire. Un caso sin un final.

En Guatemala hemos aprendido que las cosas no son como las pintan, que cuando una mayoría piensa algo, es de detenerse a analizar si todo es así. Hasta las declaraciones de la Cicig son para analizar.

Ahora, muchos que apoyaban a Rosemberg se sienten defraudados. Manipulados. Recientemente se abrió en Facebook un grupo llamado: A mí también me engañó. Lo cual nos lleva a pensar muchos jóvenes que en su momento tomaron a Rosemberg como su ejemplo a seguir ahora ven que no existió tal ejemplo. Que solo fue, según la Cicig, un tipo con serios problemas mentales que prácticamente se suicidó. En Guatemala se acaban los héroes.

Un final que pocos creen. Que otros se resisten a creer. Un final que la Cicig argumenta. Pero que hay cabos sueltos que esta Guatemala nos enseña no siempre son verdaderos.

El final no está escrito. Para algunos este país, no tendrá un final feliz, para otros no tendrá ni siquiera fin.

Ángel Elías

domingo, enero 10, 2010

¿Felicidad en Frascos?

domingo, enero 10, 2010

Se dice que los guatemaltecos somos sonrientes y le encontramos el lado amable a todo. En otras palabras que nos reímos de nuestras desgracias, que en eso somos expertos. ¿Lo seremos en realidad? ¿O solo somos expertos en evadirla? Tantos años de represión en este país y ya vemos nuestros problemas como algo lúdico, casi mágico. Realmente yo lo dudo mucho. Nosotros somos ese caso mortal que no queremos aceptar y que pesar del pronóstico nos resistimos a creer que morirá. Que existen los milagros nos decimos constantemente. Ciertamente existen esos casos que de una manera extraña se salvan, pero nosotros no lo somos. Bueno, por lo menos no todavía.

Guatemala sufre por vivir en un fantastilandia, donde todo es posible. Hasta que nos damos cuenta que no es cierto, luego una dosis de fantasía nos devuelve esa sensación de seguridad perdida. Y somos así, una sociedad que se engaña, que no deja su burbuja personal para enfrentarse con el día a día. Por ello nos volvemos indoloros y por carecer de información una sociedad casi iletrada.

Guatemala tiene un caso muy especial. Nos creemos felices, aparentamos ser felices, queremos ser felices, pero muy poco se logra cuando nos evadimos. Cuando el vecino de enfrente nos importa poco menos que un tocino.

La felicidad debería venir en frascos para ser distribuida por todos lados. En las escuelas, en los orfanatos, en los hospitales, en las morgues, en los asilos. Una dosis de felicidad diaria nos haría sentirnos más livianos y dejar la pose de miserables. Entonces la felicidad sería un producto al que todos se volverían adictos. Y se volvería una sociedad de feliciómanos, quienes robarían por una dosis de felicidad, y esa sociedad aparentemente feliz se volvería un estado de tráfico de felicidad, de asaltos a buses para robar felicidad en las bolsas de las señoras de bien. El estado entonces prohibiría la felicidad, la desincentivaría, la distribuiría sólo bajo receta médica. Y allí la felicidad entraría al mercado negro, distribuyéndose por pequeños pusher felices. Los happy-pushers. Al verse topado el gobierno por tanta gente feliz, que tenga la suficiente plata para comprarla a diario por supuesto, por otro lado se vería asediado por quienes quieren conseguirla a toda costa, robándola. Los que no tienen como pagarla.

Entonces el gobierno, prohibiría completamente la felicidad. Un acuerdo gubernativo, que apenas pasó por el legislativo, ya que muchos parlamentarios tenían sus ahorros metidos en la fabricación de la felicidad, dice: se prohíbe a todo ciudadano ser feliz y por supuesto distribuir felicidad. El precio de la felicidad aumentó en el mercado negro y quienes se oponían en el Congreso vieron aumentando sus ganancias. Luego salieron defendiendo la causa. No podemos permitir que nuestros hijos se vuelvan dependientes de la felicidad, debemos a toda costa impedir que sean felices.

Y todos aquellos, en este hermoso país, que se atrevían a ser felices, ya así sea de forma natural fueron encarcelados.

En Guatemala, somos felices evadiendo nuestra realidad, o por lo menos intentamos pasar el agua bajo el árbol, pero según parece, nos mentimos pensando: Ya pasará la tormenta. Cuando esto apenas comienza…

Ángel Elías

sábado, enero 02, 2010

Textos Zip XVI

sábado, enero 02, 2010

Los viajes siempre me causan incertidumbre. Hay un tren que sale cada vez que parto. A veces me da miedo que ese tren parta sin mí.


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Ahora, en esta noche, siento cómo tu olor se acumula en el recuerdo. Y lentamente se va diluyendo en un café, en una galleta, en una ventana vacía. Ahora, en la noche me tranquiliza tenerte por un momento de vuelta.


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Ese silencio que no dejas ni para comer. Desde hace semanas te recuestas junto a mí, con ese silencio que ya no soporto.

Ayer rompiste con el silencio…

Ayer rompiste con el

Ayer rompiste con

Ayer rompiste

Ayer


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He terminado con la emboscada. Pero no ha dado resultado. Ha sido una estrategia fallida. Tus labios, ese terreno muy lejano, muy deseado.


*****

Me has dejado muy mal. Ahora no hay verso que salga de mi cabeza. No hay nada que se concilie en mi mente. Es cierto. La poesía tiene que regresar a como dé lugar, contigo o sin ti. Aunque la segunda opción no tiene mucho sentido


*****

Esa tarde, atrapé por un momento tu aliento. Un hálito de retozo convertido en aire se escabullo por la nariz y llegó a mis pulmones. Un cálido sentimiento, muy tuyo corrió rápidamente por aquel recinto, por mi cuerpo. Una historia, unas paredes y un sueño profundo como testigos del robo de tu aliento.


Ángel Elías

domingo, diciembre 27, 2009

Al fin de año09

domingo, diciembre 27, 2009

Todos los años acabamos un poco más viejos, otro poco cansados. Tal vez con un poco más de vida, pero al final de año terminamos con un cúmulo de experiencias sobre nuestras espaldas. El fin de año es del correr, el de asfixiarse con las cuentas y el de perderse dentro de una ola de consumo que termina por engullirnos.


Para mí, este fin de año fue diferente. No hubo corre-corre. No hubo prisa, no hubo apuro. Salí de donde vivo por varios días. Esto para no tener contacto con nadie. Me refugié en una ciudad alejada de la capital, donde pude caminar sin prisas. Donde me detenía en cada cuadra a observar los detalles de la calle. En aquella ciudad, de tráfico liviano, no tuve reloj. No estuve sujeto a horarios. Más allá de los almuerzo y las cenas. Conocí varios cafés y restaurantes, a los que si hubiera estado corriendo nunca hubiera entrado. Platiqué con gente desconocida. Y cuando caía la noche regresaba a dormir, cansado de tanto caminar, pero contento.


En aquella ciudad a varias horas de mi casa, escuche conciertos navideños. En el parque central, para ahuyentar el frío tomé poche caliente. En aquella ciudad no corrí, ni pensé en nada más que vivir el momento. La gente me saludaba sin siquiera conocerme. Y la pasé en uno de mis mejores anonimatos. Me dio tiempo para encontrarme, para buscar respuestas a todos aquellos proyectos de vida inconclusos en estos últimos 365 días que se despiden. Como refugiarse en los pasos de aquella ciudad que no reclama nada. Sino que solo escucha, y eso es magnifico. Es poder sentarse durante un tiempo, en el mirador de aquella ciudad, sin nada más que el sonido del viento y la caída del sol. Sin pensar nada, sin hablar y solo escuchar.


En aquella ciudad, a la que me gusta volver, me siento solo, necesariamente solo. Y todas las calles me parecen distintas, parece que me dan la bienvenida. Y puedo ir unas calles y volver por otras. Sumergirme en un paso lento, sintiendo como el frío del lugar me envuelve y la luz poco a poco difumina las figuras, como son absorbidas por la oscuridad y que por arte de magia son iluminadas por los faroles y luces de vecindad.


A aquella ciudad vuelvo cada año, para desintoxicarme de todo. Para sentirme un poco más conmigo que con todos.


Al fin de año se evalúa, si se ha actuado bien o mal. Si es el camino correcto o es otra jugarreta del destino. Al fin de año necesitamos un espacio para nosotros, para reconciliarnos con nuestra conciencia. Buscarnos solución (si es que todavía tenemos)


Al fin de año, creemos que termina algo en nosotros, pero en el fondo sabemos que apenas comienza. Estimado lector haga de este fin de año, un mejor comienzo, en esa ciudad, en cualquier ciudad, real o imaginaria y desaparézcase un rato.


Ángel Elías