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Picuegallo VIII

Condonación

Tiempo para dar nuestras disculpas y tiempo para reconciliarnos con nuestros seres queridos. Ciertamente estas fechas se prestan para sentir queridos a nuestros allegados. De alguna manera, sentimos que cuando el año acaba, nuestra vida acaba también. Y muchas veces los amigos se alejan y nos recordamos de ellos, aunque estén ausentes, pero esto no significa que no nos pensemos en ellos.

Un significado especial si se trata de personas únicas. Y no pesa, en lo absoluto, darles nuestras disculpas. Por todo lo que no hicimos o realizamos en demasía. Pensado que así la vida se vuelve menos pesada.

Siempre pensamos en lo mismo por estas fechas. Un beso o un abrazo pueden ayudar a sanear tanta culpa reprimida. Pero, estamos a tiempo. De extender la mano y de bridar un abrazo. De sentir la calidez de la voz. Y de concebir un momento en el que el universo se detiene en un momento especial con esa mujer espacial. Capturadora de centellas. Y sonrisas mordaces.

Si usted, estimado lector, tiene en su poder dar sus disculpas, hágalo. Yo ya lo estoy haciendo…

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Un abrazo fraterno navideño a mis lectores y en especial a una entrañable amiga y lectora rebelde, caprichosa, irreverente, desenfadada, antojadiza, consentida, versátil, e insoportablemente dulce. Para Iris con mi cariño y reverencia.

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Maná
Cuarenta días con sus noches tuvieron que pasar. Y no encontraban un solo lugar seco. Siglos después cuarenta años con sus veranos y sus inviernos pasaron para llegar a la tierra prometida. Fueron años difíciles comiendo Maná que caía como copos de nieves. Y con la esperanza de encontrar lo que no tenían. Con el tiempo ya no querían Maná crudo y empezaron a tener restaurantes con especialidad en Maná. Había todo tipo de platillos; pescado con Maná, ensalada con Maná, jugo de Maná, hasta pollo con champiñones y Maná del cielo.

Nadie sabía que la harina con la que estaba hecho el Maná venía de una panificadora de Egipto, cerca de Kefren. La que en un principio surtía de Maná a los demás pueblos de medio oriente. Pero fue un negocio que no prosperó, por lo amargo del producto. Y decidieron donarlo, en un principio, a los pueblos nómadas del desierto. Luego, con los años, lo vendieron como pan caliente a los distintos pueblos de Israel. Donde recuperaron las pérdidas tenidas, años atrás, durante unas plagas.

Ángel Elías

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