
Simplemente inconcebible y caótico. Este país se cae a pedazos sin que se pueda hacer gran cosa. Por un lado un estado corruto y por otro la apatía nacional. Una apatía provocada tal vez por la imposibilidad frente a la miseria. Entonces el guatemalteco se vuelve un ser indolente y casi sin alma. ¿El guatemalteco ha perdido la posibilidad de maravillarse? Claro, es evidente que el guatemalteco ante tanto desastre ya no se conmueva con nada. Todas las noches se atiborra de imágenes dantescas que regalan los noticieros. Cargados de tristeza disfrazada de noticias, y el guatemalteco degluta cada imagen extasiado al principio y ahora simplemente como una nota más.
En Guatemala, donde la miseria pulula campante por las calles, este mismo guatemalteco, trata de evadir esa realidad que lo golpea con imágenes sofisticas y artificiales de felicidad. Los que queden van de compras a los malls, y lo que no tienen más allá de sus sueños inconcluso de consumo simplemente se conforman con ver. Y en el peor de los casos comprar la felicidad a plazos.
Y entonces este guatemalteco se narcotiza con las compras y se encandila con los colores de los centros comerciales, que le dan la imaginaria sensación de seguridad. Y es que para despertar en un país tan violento como este, a veces mejor no despertar y llenar esa sensación de vacío con consumo.
El guatemalteco necesita escapar de su realidad, que lo consume lentamente, que lo asfixia. Por ello huye a lugares donde todo lo irreal puede ser real. Y donde las cosas malas no existen. Este guatemalteco está cansado de ver estadísticas que le proyectan que el próximo asaltado puede ser él.
Por ello el ciudadano común evade. Se encierra en las paredes de su casa, tras varios candados y dos garitas de seguridad. Entonces la seguridad es el servicio más preciado.
Ahora el ciudadano es temeroso por ello huye a los centros comerciales, donde la aglomeración le hace sentirse seguro y donde la iluminación le da la oportunidad de caminar con tranquilidad. Por ello busca los lugares iluminados y de mucha gente. El guatemalteco tiene una animadversión a la oscuridad. Y es lógico, la asociación de ella a la maldad es evidente. En lo oscuro se esconde cualquiera. Y eso lo sabe por eso le huye.
El ciudadano está enfermo. En una sociedad aún más enferma. Donde los medios de comunicación hacen de la televisión una carnicería, de la radio un canal de lamentos y de la prensa escrita un circo romano, no hay muchas opciones a pensar lo contrario.
Entonces mientras esta sociedad se descalabra, nadie quiere salvarla, total la ley de que se sálvese quien pueda parece ser el lema de batalla.
Ángel Elías
Comentarios
Saludos Kike.