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Confiar en Schopenhauer

Hace ya algunos años leí a Arthur Schopenhauer, como aquellas lecturas obligatorias para todo adolescente que cree que el mundo es una vil miseria. Pero ¿Qué tan equivocado estaba este filósofo alemán? O en el peor de los casos ¿Qué tan acertado estaba?

Pero el problema de la filosofía Schopenhahuariana, (si es que se dice así) es el rompimiento en al confianza. Ya sea en el hombre o en la sociedad que lo gobierna. Ese grado de pesimismo, se alcanza cuando algo muy dentro se rompe, y los cristales laceran lo poco que queda de confianza.

Porque la confianza deposita en un mortal es frágil e inestable. ¿Cómo un humano no puede quebrar tu confianza? Entonces ese ser mortal se vuelve el motivo de la desconfianza. Los reales motivos pueden ser muchos y variados, pero ¿qué podemos esperar del ser humano tan lleno de fracasos y de imperfecciones?


Por ello el mismo ser humano vuelca su pensamiento, su ideal y se plena confianza en algo que no pudiera traicionarlo, puede ser perfecto o porque simplemente no puede comprobar su imperfección. Entonces vuelca su pensamiento a lo divino, a lo celestial. Y sus plegarias empiezan a elevarse buscando esa perfección y esa confianza en lo celestial.


Para Schopenhauer la constante era evidente, sufrimiento, noble sufrimiento. Durante la vida no había esperanza para pensar en la felicidad y aunque era una meta a alcanzar no se lograba por ese escarpado camino lleno de espinas.


A todo ello se le agregaba la frustración que provocaba la misma vida. Buscar todo lo humanamente feliz y encontrar que lo que nos hace felices es una basura. Por ello Schopenhauer nos habla de la frustración como un escalón al aburrimiento, al tedio.


En el pesimismo alemán, tanta derrota, tanto fracaso, nos lleva irrefrenablemente al aburrimiento, de allí al tedio y de allí a esperar sentados al muerte. Y en ese pensamiento alemán la muerte era consecuencia y hasta recompensa de para tanto sufrimiento y frustración. Al final era como una especie de bálsamo, en el mejor de los casos, aunque puede ser que también haya sido visto como un fin irónico: vivir para morir. O ya montados dentro de los existencialistas ¿Para qué vivir, si todos moriremos?


Aunque en realidad esa frustración nace de la impotencia de tener lo que se desea y como se desea. Y la cúspide de la filosofía de Schopenhauer estar a punto de tener lo que se desea y perderlo. En la actualidad hay una salida a este dilema dentro del lenguaje popular, se dice que si no se consigue es que no convenía. A lo que este alemán simplemente sacaría la lengua y echaría pestes.


A estas alturas, el pesimismo, no es más que un pensamiento irrefrenable hacia lo inevitable. Esto nos hace a todos un tanto pesimistas, no podemos hacer que el río vaya de regreso. Y eso es un consuelo, que en la lucha que se monta, uno no se encuentra solo. Y que Schopenhauer ya lo había intentado. Con excelentes consecuencias, y nos deja pensando que peor que a Schopenhauer no nos puede ir. Y el maestro, nos muestra que el destino siempre será el mismo.
Ángel Elías

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