En efecto, somos en este país un grupo de faranduleros de primera clase. Deseamos fervientemente acariciar la fama, ese elixir vanidoso de los dioses. Y a eso queda resumido nuestro patriotismo a un intento mediático de sentirnos mejores que los demás. Esto viene a colación ya que en Intenet aparecen concursos, no por lo menos absurdos. Por un lado las nuevas siete maravillas del mundo, por otro la bandera más linda del planeta. No dudo que hayan más concursos de este tipo, pero eso son los que conozco. ¿En realidad nuestra nacionalidad queda resumida a un chusco concurso? ¿Tan baja autoestima tenemos que buscamos que se nos reconozca como maravilla? ¿Tan mediatizados nos encontramos como para que por un simple correo electrónico nos volquemos a reproducirlo con nuestras amistades, haciendo cada día más grande las cadenas de “spams”? Bueno, a todo esto creo que de alguna manera nos sentimos culpables. Sí, nos sentirnos culpables de no poder rescatar este país de la miseria, que es...